Tapas de registros, piezas de esculturas de bronce, cableado, tuberías de gas, plantas ornamentales y hasta pasto sintético se han convertido en blanco de la delincuencia en Puebla, la “capital imparable”, donde el robo de objetos públicos que parecen tener poco valor representa riesgos para la población, daños al patrimonio y gastos adicionales para las autoridades.
Uno de los problemas recurrentes es la sustracción de tapas de alcantarillas y registros de servicios como alumbrado público, electricidad, telefonía y agua potable, y aunque los materiales se venden como chatarra por cantidades relativamente bajas, su ausencia deja hoyos abiertos en calles y banquetas, con el riesgo de que peatones caigan en ellos o los vehículos sufran daños.
En septiembre pasado, una joven cayó en un registro sin tapa en la colonia Santa Bárbara Sur, incidente que evidenció las consecuencias de estos robos.
¡Primero se robaron la tapa y después llegó el accidente! ????????
— Imagen Poblana (@ImagenPoblana) September 30, 2026
Una joven cayó en un registro sin tapa en la colonia Santa Bárbara Sur, en Puebla. Se trata del mismo registro que había sido reportado días antes, luego de que dos sujetos fueran captados robando la pieza.
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El patrimonio histórico y cultural tampoco escapa a esta situación, en el Centro Histórico, diversas esculturas de bronce han sido vandalizadas para sustraer manos, brazos, libros, instrumentos y otros elementos ornamentales que pueden comercializarse como metal.
Entre las piezas afectadas se encuentran las dedicadas a Pedro Ángel Palou, Elena Garro y Amy Camacho, cuyos componentes han sido robados en repetidas ocasiones; estas agresiones deterioran los monumentos, afectan la imagen urbana y obligan a destinar recursos públicos a su restauración.
Otro caso que genera preocupación es el robo de tuberías y componentes metálicos de instalaciones de gas; en distintos puntos de la capital, sujetos desconocidos han sustraído piezas que provocan fugas y ponen en peligro a vecinos y transeúntes.
Uno de estos incidentes se registró ayer en el edificio A42 de Plaza Lilia, en la unidad habitacional La Margarita, donde fue reportada una fuga de gas tras el robo de tubería; además del costo de reparación, estos hechos pueden derivar en incendios, explosiones o intoxicaciones si no se atienden oportunamente.
La delincuencia también ha alcanzado elementos de ornato y vegetación urbana; en febrero de 2025, vecinos denunciaron la sustracción de al menos nueve tapetes de pasto sintético del distribuidor vial de la Vía Atlixcáyotl, mientras que en agosto del mismo año fue captado un joven que retiraba macetas con plantas de un parklet frente al Museo Amparo, en la calle 9 Oriente.
El robo de cable de cobre y otros componentes de infraestructura completa el panorama; la sustracción de estos materiales puede ocasionar apagones, fallas en los servicios de telecomunicaciones y afectaciones al funcionamiento de instalaciones públicas.
Las consecuencias van más allá de la pérdida material: la falta de iluminación puede incrementar la inseguridad, mientras que la interrupción de servicios perjudica las actividades cotidianas de habitantes y comerciantes.
Ante este problema, se han recurrido a medidas como la soldadura de tapas de registros, el reforzamiento de los rondines de vigilancia, la presentación de denuncias y la restauración de esculturas dañadas.
También se ha planteado sustituir algunas piezas de bronce por materiales con menor valor comercial, como parte de las estrategias para evitar nuevas sustracciones.
Sin embargo, la repetición de estos incidentes evidencia que la vigilancia de la autoridad municipal es nula y la reparación no es suficiente si no se frena la comercialización de los objetos robados.