Más allá del salario: así persiste la brecha laboral entre mujeres y hombres

Más allá del salario: así persiste la brecha laboral entre mujeres y hombres

Foto: Magnific

En pleno 2026, la desigualdad entre mujeres y hombres en el mercado laboral no se reduce únicamente a cuánto gana cada uno, también persiste una división de profesiones y oficios que siguen siendo considerados “de hombres”, una barrera cultural que limita la participación femenina en actividades como la construcción, minería, transporte, electricidad, pesca y algunas áreas de la industria pesada.

 

En México, los datos muestran la dimensión de esta segregación ocupacional, la participación de mujeres es de apenas 12.6 % en minería, entre 14.4 y 16.6 % en construcción, 18.5 % en transportes, correos y almacenamiento, 19 % en pesca y acuicultura, y 23.1 % en electricidad, agua y gas. En ocupaciones relacionadas con la conducción de maquinaria móvil y medios de transporte, la presencia femenina ronda apenas el 2 %.

 

El problema no radica en una supuesta falta de capacidad de las mujeres, sino en una combinación de estereotipos, condiciones laborales y obstáculos que comienzan desde edades tempranas; la idea de que los hombres tienen mayor habilidad para la fuerza, las herramientas, las máquinas o las matemáticas, mientras las mujeres son más aptas para tareas de cuidado y atención, continúa influyendo en la elección de carreras y empleos.

 

A esto se suma la desigual distribución del trabajo doméstico y de cuidados, las mujeres dedican considerablemente más tiempo a estas actividades no remuneradas, lo que puede dificultar su incorporación a empleos con turnos extensos, horarios nocturnos o esquemas poco flexibles, precisamente algunos de los que predominan en sectores tradicionalmente masculinizados.

 

En Puebla, la construcción ofrece un ejemplo de cómo esa realidad comienza a cambiar, aunque todavía lentamente; durante 2024, las mujeres representaron alrededor de 18.7 % del personal ocupado en empresas del sector, unas 2,614 trabajadoras, con un crecimiento anual cercano al 26 %; su presencia continúa siendo minoritaria frente a la de los hombres.

 

La desigualdad también se refleja directamente en los ingresos, de acuerdo con cifras del IMSS correspondientes a noviembre de 2025, el salario diario promedio de cotización fue de 588.87 pesos para los hombres en Puebla, frente a 500.06 pesos para las mujeres, una diferencia de casi 89 pesos diarios.

 

El Observatorio de Salarios de la IBERO Puebla ha señalado además que 56 % de las mujeres ocupadas percibe hasta un salario mínimo, frente a 44 % de los hombres; en los niveles salariales más elevados, la relación se invierte, evidenciando que la desigualdad no solamente está en el acceso al empleo, sino también en las posibilidades de avanzar hacia puestos mejor remunerados.

 

La llamada “penalización por maternidad”, los sesgos durante la contratación y promoción, la falta de referentes femeninos en determinadas industrias y los ambientes laborales poco incluyentes también contribuyen a mantener esta separación, incluso cuando una mujer cuenta con la preparación necesaria, puede enfrentar cuestionamientos adicionales sobre su capacidad para desempeñar una función que históricamente ha sido ocupada por hombres.

 

La situación se repite en áreas como la ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas, donde las mujeres han incrementado su presencia educativa, pero continúan estando subrepresentadas en determinados campos profesionales y puestos especializados.

 

El Día Internacional de la Igualdad Salarial, que se conmemora cada 18 de septiembre, coloca nuevamente el tema sobre la mesa: la igualdad no consiste únicamente en pagar lo mismo por un trabajo de igual valor, sino también en garantizar que mujeres y hombres tengan las mismas posibilidades de acceder a cualquier profesión.

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