Dormir en un entorno iluminado puede dejar señales visibles en el corazón. Así lo afirma una investigación de la base de datos biomédica británica, UK Biobank, la cual observó, en un estudio con 11.071 participantes, que quienes estuvieron expuestos a niveles superiores a tres lux (la unidad de medida de la iluminación) durante la noche presentaron cambios en varias cavidades cardíacas, frente a quienes estuvieron prácticamente a oscuras.
El equipo midió la luz con sensores colocados en la muñeca durante siete días. Tres años después, los participantes se sometieron a resonancias magnéticas cardíacas, lo que permitió comparar la exposición nocturna registrada con la estructura y el funcionamiento del corazón.
Un ventrículo con menos espacio
Entre los hallazgos apareció un engrosamiento de la pared del ventrículo izquierdo, una de las principales cavidades encargadas de impulsar la sangre al organismo. Ese aumento del grosor reducía el espacio interno disponible en la cavidad. También se detectaron señales de menor capacidad del músculo cardíaco para contraerse durante el latido, un indicador temprano de disfunción cardíaca.
Los investigadores observaron además modificaciones en los ventrículos derechos y en las aurículas izquierdas. Estos cambios mostraron que los efectos asociados con una mayor exposición nocturna no estaban concentrados en una sola parte del corazón.
Lu Qi, profesor de la Universidad de Tulane y director de la investigación, explicó: "En este proceso, la estructura y la función del corazón cambian, y solemos observarlo como respuesta al estrés crónico o a una lesión cardíaca".
La adaptación que puede terminar debilitando al corazón
Los investigadores identifican estos cambios como parte de un proceso de remodelación cardíaca, en el que se modifica tanto la estructura como el funcionamiento del corazón. "Es la forma en que nuestro cuerpo se adapta a ese estrés, pero en última instancia debilita el corazón y puede provocar insuficiencia cardíaca", explica Qi.
El trabajo aporta imágenes de cambios concretos en el corazón a una discusión que ya había encontrado asociaciones entre iluminación nocturna y riesgo cardiovascular. En este caso, la resonancia magnética permitió observar diferencias anatómicas y funcionales años después de registrar la exposición lumínica de los participantes.
Oscurecer la habitación entra en la conversación médica
En un editorial adjunto, Thomas Münzel, del Centro Médico Universitario de Maguncia, y sus colegas plantearon que el ambiente nocturno debería formar parte de las preguntas habituales en pacientes con problemas cardíacos. "Es hora de que los médicos, en particular los que manejan pacientes con insuficiencia cardíaca o fibrilación auricular, comiencen a preguntar sobre el entorno del sueño", señalaron.
Entre las medidas propuestas figuran cortinas opacas, iluminación cálida junto a la cama y cubrir pequeños LED de aparatos electrónicos. También apuntan a repensar decisiones urbanas, como luminarias protegidas, farolas regulables o sistemas activados por movimiento.