Abrir el grifo y que no salga una sola gota ya no es una amenaza lejana, sino la angustiante rutina con la que amanecen miles de familias en el mundo. Frente a esta realidad que indigna y fractura comunidades, desde el Vaticano llega un contundente llamado ético: el agua potable no es un bien de mercado ni un privilegio para unos cuantos, sino un derecho humano fundamental que exige defenderse con urgencia. El Papa León XIV enfatiza que descuidar este recurso o permitir su acaparamiento es una agresión directa contra la dignidad humana, situando la protección del agua en el centro de la responsabilidad social de nuestros tiempos.
Este mes de septiembre se ha dedicado por parte del Sumo Pontífice, al cuidado del agua e incluso resalta en su oración a Dio: «Te pedimos perdón por haberla convertido en mercancía, olvidando que es un regalo universal, un derecho sin fronteras destinado a todos tus hijos».
Esta doctrina sobre la ecología integral adquiere un rostro urgente cuando se contrasta con la realidad cotidiana de nuestro entorno local. En el estado de Puebla, las cifras reportadas por la Comisión Nacional del Agua (Conagua) y el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) a través de la Encuesta Nacional de Calidad e Impacto Gubernamental (ENCIG) revelan una brecha alarmante en la justicia hídrica. De acuerdo con estos diagnósticos oficiales, la entidad registra niveles críticos de suministro continuo: apenas alrededor de 2 de cada 10 habitantes (el 20.7%) cuentan con acceso diario y fluido a agua potable en sus viviendas, ubicando a Puebla como el tercer estado con mayor rezago nacional en cobertura cotidiana.
En la zona metropolitana de la capital poblana, el problema no es únicamente la disponibilidad natural del líquido, sino la eficiencia y equidad con la que se gestiona. Reportes técnicos de la Comisión Estatal de Agua y Saneamiento de Puebla (Ceaspue) advierten que cerca del 50% del agua potable que se conduce por las redes urbanas se pierde debido a fugas e infraestructura deteriorada. Mientras en colonias de la periferia el suministro debe racionarse bajo tandeos de solo dos o tres días por semana.
La crisis se agrava de forma desgarradora al adentrarse en las comunidades rurales y de la Sierra Norte. En estas zonas, los indicadores identifican un profundo déficit de red domiciliaria, lo que obliga a miles de familias a depender del acarreo directo desde pozos y manantiales, muchos de ellos expuestos a la contaminación agrícola o residual. La falta de saneamiento básico en el ámbito comunitario perpetúa ciclos de enfermedad y pobreza, reflejando fielmente la advertencia del Papa León XIV: la marginación hídrica golpea con mayor dureza a quien menos tiene.
De ahí la importancia del programa del gobierno del estado para dotar de agua a las comunidades y colonias de la capital que carecen del vital líquido y lejos de politizar esta acción y descalificarla, debería ser causa de nuestra suma de voluntades para cuidar de este vital líquido.
Frente a esta radiografía, el mensaje de León XIV no busca ser un lamento lejano, sino un catalizador de responsabilidad compartida donde como ciudadanos, fomentemos el uso responsable del agua, pero también su cuidado desde los hogares. Proteger el agua exige abandonar el consumo egoísta y a las autoridades e industrias, un compromiso real con la reparación de infraestructura, la protección de cuencas comunitarias y el saneamiento integral. Cada gota ahorrada en el hogar y cada exigencia de política pública orientada al bien común son actos concretos de solidaridad con nuestros vecinos y con las generaciones futuras.
El cuidado de la casa común no admite prórrogas ni indiferencia. Nos encontramos en un punto de inflexión donde la ética, la empatía y la ciudadanía deben unirse para garantizar que el agua vuelva a ser un bien de vida al alcance de todos. Mirar hacia otro lado cuando una comunidad cercana carece de lo elemental, es renunciar a la fraternidad; defender el agua hoy es cuidar, en el sentido más profundo, el derecho de Puebla a florecer con dignidad.
Y como dice el Papa León XIV, asumamos la responsabilidad de educar a las nuevas generaciones para que valoren y protejan los recursos de la Tierra.
¡Vamos a hacerlo diferente!