Noruega despide a Harald V después de más de tres décadas de reinado

Noruega despide a Harald V después de más de tres décadas de reinado

Foto: X

El rey Harald V de Noruega murió este viernes 28 de agosto a los 89 años en el Hospital Nacional de Oslo, donde permanecía internado desde el 17 de agosto. Había sido hospitalizado por complicaciones derivadas del tratamiento contra una anemia hemolítica y posteriormente desarrolló una infección bacteriana en la sangre. Su estado se agravó en los últimos días y el Palacio había advertido el jueves que se encontraba muy grave.

 

Durante más de 35 años, Harald V ocupó el trono noruego y mantuvo una posición fundamentalmente representativa y ceremonial. Presidía el Consejo de Estado, abría formalmente el Parlamento y representaba al país en el exterior, mientras el gobierno quedaba en manos del Ejecutivo y el Parlamento. Su influencia pública se sostuvo sobre todo en el terreno simbólico, especialmente en momentos de crisis nacional.

 

 

De la guerra al trono

 

Harald nació el 21 de febrero de 1937 en Skaugum, residencia de los príncipes herederos en Asker. Era el tercer hijo y único varón del príncipe Olav y de la princesa Märtha de Suecia. Desde su nacimiento quedó situado en la línea de sucesión de una monarquía todavía joven, fundada en 1905 tras la separación de Noruega y Suecia.

 

La Segunda Guerra Mundial alteró muy pronto su vida. Cuando Alemania invadió Noruega el 9 de abril de 1940, Harald tenía apenas tres años. Huyó con su madre y sus hermanas a Suecia y más tarde se trasladó a Estados Unidos. Mientras tanto, su padre, su abuelo y el Gobierno noruego continuaron la resistencia desde el exilio.

 

El regreso a Oslo en junio de 1945 lo vinculó desde niño con uno de los relatos fundacionales de la monarquía moderna del país: la resistencia frente a la ocupación nazi. Su abuelo Haakon VII había quedado asociado a la negativa a someterse a Alemania, mientras su padre Olav V cultivaría después una imagen de cercanía con la población.

 

 

Del príncipe heredero a un rey más cercano

 

Harald se convirtió en príncipe heredero en 1957, tras la muerte de Haakon VII y el ascenso de Olav V. Uno de los episodios más importantes de su juventud fue su relación con Sonja Haraldsen, hija de un comerciante de Oslo y sin origen aristocrático.

 

La relación se mantuvo durante años en secreto porque el matrimonio entre un futuro rey y una mujer plebeya generaba dudas dentro de una institución todavía muy ligada a las convenciones dinásticas. Harald llegó a advertir que permanecería soltero si no podía casarse con ella. Finalmente, Olav V dio su consentimiento y la pareja contrajo matrimonio el 29 de agosto de 1968.

 

Esa unión terminó representando algo más que una decisión personal. Con el tiempo se convirtió en una señal de que la monarquía podía adaptarse a una sociedad donde el origen social tenía cada vez menos peso.

 

Un símbolo durante las crisis nacionales

 

Tras la muerte de su padre, Harald V llegó al trono en enero de 1991 y asumió una función principalmente ceremonial. Como rey, presidía el Consejo de Estado, abría formalmente el Parlamento y representaba a Noruega en el exterior, mientras el poder político permanecía en manos del Gobierno y del Storting.

 

Su papel adquirió especial relevancia en momentos de conmoción nacional. Tras los atentados del 22 de julio de 2011 en Oslo y Utøya, en los que Anders Behring Breivik, un terrorista noruego de extrema derecha, asesinó a 77 personas, Harald visitó a supervivientes y familiares y participó en los actos de duelo. Su defensa de una sociedad abierta frente al miedo quedó asociada a uno de los momentos más difíciles del país desde la Segunda Guerra Mundial.

 

 

Escándalos que rodearon a la familia real

 

Los últimos años del reinado también quedaron afectados por las revelaciones sobre Mette-Marit, esposa del entonces príncipe heredero Haakon. En enero de 2026, la publicación de archivos vinculados con Jeffrey Epstein expuso una relación hasta entonces desconocida entre la princesa y el delincuente sexual estadounidense.

 

El episodio tuvo especial peso porque esos contactos se habían mantenido después de la primera condena de Epstein. El caso golpeó la imagen de la familia real y se sumó a otras controversias que aumentaron el escrutinio sobre la monarquía en la etapa final de su reinado.

 

Otra de esas polémicas fue protagonizada por Marius Borg Høiby, primogénito de la princesa Mette-Marit. En agosto de 2024 fue arrestado tras un violento episodio contra su entonces novia, Nora Haukland. Durante la investigación judicial, Marius admitió públicamente que sufría de graves problemas de adicción al alcohol y a las drogas (especialmente cocaína) y que padecía trastornos psíquicos.

 

Lo que empezó como una denuncia por agresión destapó un patrón de abusos sistemáticos. La policía descubrió audios y videos en sus dispositivos que lo incriminaban. Llegó a sumar más de 30 cargos en su contra. Fue juzgado en el Palacio de Justicia de Oslo y declarado culpable por violencia doméstica contra tres de sus exparejas, amenazas, abusos en relaciones íntimas y tenencia de estupefacientes.

 

 

La Corona entra en una nueva etapa

 

Los problemas de salud redujeron progresivamente su actividad pública. Harald fue operado de cáncer de vejiga en 2003, recibió una válvula aórtica artificial en 2005 y un marcapasos permanente en 2024. Aun así, descartó abdicar y defendió que el juramento realizado ante el Parlamento implicaba un compromiso de por vida.

 

Con su muerte, su hijo Haakon asumió automáticamente la Corona. En Noruega, la sucesión se produce en el mismo momento del fallecimiento del soberano, aunque posteriormente se celebren el juramento ante el Parlamento y los actos institucionales correspondientes.

 

 

Antes del fallecimiento de Harald V, existía un fenómeno muy particular en Noruega: la popularidad del rey se mantenía en niveles excepcionalmente altos, mientras que el apoyo general a la institución de la monarquía se había desplomado a mínimos históricos debido a los recientes escándalos familiares.

 

Según encuestas oficiales de la cadena pública noruega NRK, Harald tenía una calificación de 9.2 sobre 10, mientras que el respaldo de los noruegos para mantener la monarquía cayó de 80% a menos del 60% en solo tres años. La principal causa fueron los escándalos que protagonizaron los miembros de la familia real.

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