La muerte de un hombre de 29 años y al menos nueve personas lesionadas durante la Huamantlada 2026 volvió a colocar bajo los reflectores una discusión que va mucho más allá de Huamantla: ¿cuántas celebraciones en México continúan utilizando animales como parte del entretenimiento y hasta dónde puede llegar una tradición cuando implica sufrimiento, riesgo o muerte?
La tragedia es el episodio más reciente de una celebración que, desde hace décadas, genera una discusión entre quienes la consideran parte de la identidad y tradición de Huamantla y quienes cuestionan el sufrimiento al que son sometidos los animales y los riesgos para los propios participantes; sin embargo, la Huamantlada no es un caso aislado.
En Veracruz, hay al menos dos de los ejemplos más conocidos de fiestas populares que utilizan toros en espacios públicos.
En Tlacotalpan, durante las Fiestas de la Candelaria, se lleva a cabo la tradicional suelta de toros por las calles. La celebración ha sido objeto de críticas durante años por las agresiones que algunos participantes ejercen contra los animales, incluyendo empujones, jalones de cola y lanzamiento de objetos.
#Huamantla | ✨Hay lazos que ni la fuerza de un toro puede romper. ???? ¡Los amigos son amigos para siempre y por siempre! ????????
— ℳ????????????ℯ???? ℐ????ℯ???????? ???? (@MiniIveth) August 23, 2026
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Las autoridades han intentado establecer medidas para reducir el maltrato y sancionar a quienes agredan a los toros; para la edición de 2026 se anunciaron multas y arrestos por actos de crueldad animal, incluso el traslado de los animales por el río Papaloapan fue modificado para disminuir el estrés, aunque la polémica alrededor de la celebración permanece.
En Xico, también en Veracruz, la Xiqueñada constituye otro ejemplo, durante las fiestas dedicadas a Santa María Magdalena se liberan toros en calles del pueblo, donde los participantes corren junto a los animales o intentan enfrentarlos.
La celebración ha dejado personas heridas y ha generado críticas por el peligro tanto para los asistentes como para los propios animales.
Pero la utilización de animales en espectáculos no se limita a las corridas o a las sueltas de toros; los jaripeos continúan formando parte de numerosas ferias patronales y celebraciones regionales en estados como Puebla, Morelos, Guerrero y otras entidades.
En estos espectáculos, toros y caballos son utilizados en montas, coleaderos y diferentes suertes, y aunque sus defensores los consideran expresiones de la cultura rural y de las tradiciones ecuestres mexicanas, organizaciones defensoras de los animales cuestionan las condiciones en las que se desarrollan algunos de estos actos.
El debate se intensifica cuando ocurren accidentes o mueren animales, como por ejemplo, en junio de este año, un jaripeo organizado en Jojutla, Morelos, fue objeto de críticas luego de que un caballo muriera tras ser embestido por un toro.
Otro escenario de la discusión son las corridas y festejos taurinos, la regulación ha cambiado en distintas partes del país y algunas entidades han establecido restricciones a determinadas prácticas, mientras que en otras continúan celebrándose corridas como parte de ferias y fiestas tradicionales.
Aguascalientes, Tlaxcala, Yucatán, Campeche y otras entidades mantienen actividad taurina, aunque con diferentes marcos regulatorios y bajo una creciente presión de organizaciones animalistas.
Una persona muerta y al menos 9 lesionadas, varias de ellas graves, el saldo de la "Huamantlada", en #Tlaxcala. #Video ???????????? pic.twitter.com/2d6TilmjUc
— JORGE BECERRIL JB/8 (@MrElDiablo8) August 22, 2026
La Ciudad de México representa un ejemplo del cambio en la regulación: las corridas pueden continuar bajo un esquema modificado que elimina la muerte del toro y restringe elementos utilizados tradicionalmente para causarle lesiones.
El debate tampoco termina en los toros; en distintas regiones del país se llevan a cabo cabalgatas, desfiles y ferias donde participan caballos, burros y otros animales, las denuncias suelen concentrarse en sobrecarga, largas jornadas, falta de agua, exposición a temperaturas extremas o condiciones inadecuadas de transporte y manejo.
En estos casos, el problema no necesariamente es la participación del animal en una actividad tradicional, sino las condiciones en las que ésta se desarrolla.
También hay denuncias puntuales sobre prácticas locales en las que animales son utilizados de manera directa para provocar diversión o como parte de espectáculos improvisados, como por ejemplo, las peleas de gallos, donde aún se llevan a cabo en muchas partes del país, generalmente de manera clandestina.
El punto central de la discusión no es solamente si una celebración es antigua, sino si su antigüedad puede justificar cualquier práctica llevada a cabo durante ella.
Quienes defienden estas fiestas argumentan que forman parte de la identidad de las comunidades, generan actividad económica y turística y representan tradiciones transmitidas entre generaciones.
Del otro lado, organizaciones animalistas sostienen que un espectáculo no puede justificarse únicamente por su valor cultural cuando implica sufrimiento innecesario para un ser vivo.