De Salmonella a Cyclospora: los riesgos de consumir verduras frescas

De Salmonella a Cyclospora: los riesgos de consumir verduras frescas

Foto: Magnific

Las verduras y hortalizas son fundamentales para una alimentación saludable por su alto contenido de vitaminas, fibra y antioxidantes; sin embargo, también figuran entre los alimentos que con mayor frecuencia están relacionados con brotes de enfermedades transmitidas por alimentos, especialmente cuando se consumen crudas.

 

Este tema volvió a cobrar relevancia luego de que autoridades sanitarias de Estados Unidos informaran sobre un brote de ciclosporiasis asociado con lechuga iceberg proveniente de México.

 

La enfermedad es causada por el parásito Cyclospora cayetanensis y provoca diarrea intensa, fatiga, náuseas, cólicos abdominales y pérdida del apetito; los síntomas suelen aparecer aproximadamente una semana después del consumo del alimento contaminado y pueden prolongarse durante varias semanas si no se recibe tratamiento.

 

Te interesará leer: Ciclosporiasis: México aún no halla el origen de contaminación de las lechugas

 

La contaminación de frutas y verduras puede ocurrir desde el campo, por agua de riego contaminada o malas prácticas de manejo, durante el procesamiento y transporte, o incluso en el hogar por contaminación cruzada.

 

Los vegetales de hoja verde, como lechuga y espinaca, así como cilantro, tomates y melones, son algunos de los productos con mayor riesgo.

 

Además de la ciclosporiasis, los alimentos frescos pueden transmitir bacterias y virus como Escherichia coli, productora de toxina Shiga, Salmonella, Listeria monocytogenes, norovirus y hepatitis A.

 

Algunas de estas infecciones pueden provocar insuficiencia renal, septicemia, meningitis o complicaciones graves, principalmente en niñas y niños, adultos mayores, mujeres embarazadas y personas con el sistema inmunológico debilitado.

 

Para reducir el riesgo, las autoridades sanitarias recomiendan lavar las verduras y frutas bajo un chorro de agua corriente, frotándolas suavemente con las manos, en el caso de productos con cáscara firme, como pepinos o melones, se aconseja utilizar un cepillo limpio.

 

También puede hacerse un remojo breve en una solución de una parte de vinagre blanco por tres de agua, o con bicarbonato de sodio diluido en agua, seguido de un enjuague abundante.

 

Estos métodos ayudan a retirar suciedad y disminuir microorganismos, aunque no eliminan por completo los patógenos.

 

No se recomienda lavar los alimentos con jabón, detergente, cloro o desinfectantes no diseñados para alimentos, ya que pueden dejar residuos perjudiciales para la salud.

 

Aunque cocinar las verduras reduce significativamente el riesgo de infecciones, también puede modificar algunas de sus propiedades nutricionales.

 

Por ello, la recomendación es mantener su consumo, extremando las medidas de higiene, adquiriéndolas en establecimientos confiables y atendiendo cualquier alerta sanitaria emitida por las autoridades.

 

En conclusión, los beneficios de consumir verduras frescas continúan siendo muy superiores a los riesgos, siempre que se manipulen y desinfecten correctamente antes de llevarlas a la mesa.

Notas Relacionadas