Un análisis de sangre anual se convertirá en una nueva medida de preparación militar en Estados Unidos. La decisión abre una pregunta médica que va más allá de la imagen de fuerza promovida por el secretario de Defensa, Pete Hegseth: ¿un resultado bajo de testosterona basta para diagnosticar una deficiencia hormonal y comenzar un tratamiento?
El memorando firmado el 15 de julio de 2026 establece, con efecto inmediato, pruebas obligatorias de testosterona para todo el personal activo y de reserva desde los 30 años. Los militares más jóvenes podrán solicitarlas durante su evaluación periódica de salud. Si los médicos recomiendan una terapia de reemplazo hormonal, aceptarla será voluntario.
El Pentágono relacionó la medida con la optimización del desempeño militar y con el denominado síndrome del operador, una combinación de problemas físicos y psicológicos identificada inicialmente entre integrantes de fuerzas especiales. Pete Hegseth aseguró que el propósito no es producir una mejora artificial, sino preservar las capacidades naturales, la resistencia y la salud de las tropas.
Una medición no equivale a diagnóstico
Un día después del anuncio, la Sociedad de Endocrinología advirtió que no existe evidencia suficiente para recomendar pruebas poblacionales de hipogonadismo en hombres sin síntomas. Sus lineamientos indican que el diagnóstico de hipogonadismo requiere signos compatibles y niveles bajos de testosterona confirmados mediante al menos dos análisis en ayuno realizados durante las primeras horas de la mañana.
La hora importa porque la testosterona sigue ritmos circadianos y suele alcanzar sus concentraciones más altas al comenzar el día. Los resultados también pueden cambiar por pérdida de peso, obesidad, falta de sueño, enfermedades, estrés físico o medicamentos como opioides y corticosteroides.
Adrian Dobs, investigadora de la función endocrina gonadal en la Universidad Johns Hopkins, explicó a WIRED que estas variables adquieren mayor importancia entre militares sometidos a entrenamiento intenso o recién llegados de una misión. Un valor temporalmente bajo, por tanto, no necesariamente demuestra una enfermedad.
Tratamiento útil, pero no universal
La terapia de reemplazo con testosterona puede aportar beneficios cuando existe hipogonadismo correctamente diagnosticado por alteraciones en los testículos, la hipófisis o el hipotálamo. Sin embargo, también puede suprimir la producción de espermatozoides, reducir la fertilidad, elevar el hematocrito y exigir seguimiento prostático y cardiovascular.
La Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos (FDA) confirmó en 2025 que los productos con testosterona pueden aumentar la presión arterial. Aunque el ensayo TRAVERSE no encontró un incremento significativo de infartos o accidentes cerebrovasculares durante un seguimiento de hasta cuatro años, la Sociedad de Endocrinología señaló una mayor incidencia de embolia pulmonar y fracturas, además de incertidumbre sobre la seguridad a largo plazo.
La orden del Pentágono no precisa los valores que utilizará para determinar una deficiencia de testosterona, los indicadores con los cuales medirá mejoras en el desempeño militar ni cómo se aplicará el programa a las mujeres. El Departamento deberá publicar las instrucciones clínicas antes del 15 de agosto de 2026 y formar un consejo asesor con especialistas externos.