Se acabó el sueño: Inglaterra deja a México fuera del Mundial 2026

Se acabó el sueño: Inglaterra deja a México fuera del Mundial 2026

Foto: Xinhua

En una de las noches más dolorosas de la Copa del Mundo, México cayó 3-2 ante Inglaterra, quedándose a un paso de los anhelados cuartos de final y apagando la ilusión de millones de mexicanos.

 

El partido arrancaba con una tarjeta amarilla para Declan Rice por juego peligroso sobre Luis Romo, una acción que condicionaba a la ofensiva inglesa y le daba más margen al cuadro mexicano para provocar más faltas.

 

Se notaba la confianza en el cuadro mexicano, pues ni la velocidad de Anthony Gordon ni la de Bukayo Saka era suficiente para vencer por las bandas al Tricolor. Pero, aunque no estaban finos, se sentía el peligro con cada llegada; estábamos hablando de dos de los mejores extremos del mundo.

 

Al 15', Pickford salvaba el arco visitante con una impresionante atajada tras un potente cabezazo de Raúl Jiménez, una acción que iniciaba el dominio mexicano y que advertía que México quería ser el primero en marcar en el encuentro.

 

Pero, como en muchas ocasiones, el futbol se tornaba injusto, porque a pesar del claro dominio de la Selección Mexicana y de las flamantes actuaciones que estaban teniendo Erik Lira, Luis Romo, Roberto Alvarado y Gilberto Mora, en un pase desde la banda derecha Jude Bellingham se colaba por en medio del área y marcaba el primer tanto del partido.

 

Y no pasaron ni dos minutos cuando nuevamente el cuadro de las rosas aprovechó la desconcentración de los aztecas tras el primer tanto y castigó con el doblete de Jude. La tristeza empezaba a notarse en la afición, que permaneció en silencio por un breve momento.

 

Pese a que al 38' el marcador ya estaba 2-0, la Selección no se achicó y seguía intentando llegar al área contraria. Entre momentos inspiradores y la evidente notoriedad del cansancio inglés, la ofensiva mexicana confiaba en sus pases filtrados y centros que llegaban con peligro al arco de Pickford.

 

Pero todo esfuerzo da frutos y, tras un tiro libre indirecto, Julián Quiñones aprovechaba un rechace y la mandaba al fondo del arco inglés, reduciendo la distancia y dando un aire de esperanza a todo México para remontar el encuentro.

 

 

Tras otro par de intentos, el árbitro pitaba el final del primer tiempo. Fueron 45 minutos que, pese a los dos golpes durísimos de Inglaterra, fortalecieron al cuadro mexicano, que buscaría el empate a toda costa ante la cuarta mejor selección del mundo.

 

Iniciaba la parte complementaria y México hacía cambios en su esquema. Salía César Montes, quien desde el calentamiento había notado molestias musculares, e ingresaba Edson Álvarez, quemando un cambio vital para el desarrollo del partido.

 

Al 49', O'Reilly hizo chillar el palo izquierdo del "Tala" Rangel cuando metió un trallazo que, afortunadamente, salió mordido y terminó fuera del arco mexicano.

 

Y es que todo empezaba a parecer un sueño, pues al 53' Inglaterra se quedaba con 10 en el campo luego de que Quansah le metiera una plancha con los tachones a Gallardo. Pero ese sueño se convirtió en una pesadilla cuando, tras un mal rebote de Edson, Rangel tuvo que salir de manera tardía sobre Gordon, ocasionando un triste y dramático penal que Kane no desaprovechó y mandó al fondo del arco azteca.

 

Parecía el golpe final de los europeos, pero México no fue "agachón" y, entre una de las tantas oportunidades, Kane le metió una patada dentro del área a Brian Gutiérrez, provocando un penal para México que Raúl Jiménez cobró con elegancia y mucho dramatismo.

 

 

En ese instante, el partido estaba parejo para ambos bandos, pero en el aire se sentía la ilusión. El estadio rogaba y rezaba para que llegara el tercero mexicano. Era una sensación distinta a la de otros años, porque, a pesar de ir abajo en el marcador, México estaba doblegando a una de las mejores escuadras del mundo.

 

Y esa esperanza la estaban traduciendo en buen juego. La escuadra mantuvo durante 20 largos minutos a Inglaterra sobre las cuerdas. Aguirre lanzó a sus mejores hombres de ataque; el plan era matar o morir, y realmente parecían dispuestos a dar la vida para empatar el encuentro.

 

Entre centros, caídas dentro del área y disparos desviados, no llegaba el tercero y el reloj marcaba los 90 minutos. Pero aún había un último cartucho por quemar con los 11 minutos de agregado que concedía el silbante. Esos instantes parecían los ideales para que México hiciera historia; sin embargo, la más peligrosa quedó a centímetros de rozar el palo derecho de Pickford. Y claro, los ingleses son expertos en controlar el tiempo del juego, ocasionando que ese agregado se fuera como espuma.

 

Aun así, México tuvo poco más de un minuto adicional para buscar el empate, pero todo terminó cuando un tiro de esquina quedó fuera del área y ya no significó peligro para Inglaterra, retumbando el pitido final que nadie quería escuchar en el estadio.

 

Y así, México se quedaba nuevamente en octavos de final tras una dolorosa derrota en casa. El "¿Y si sí?", que ilusionó a todo un país, se esfumó gracias a las grandiosas individualidades de Inglaterra. Pero así es jugar contra las selecciones de élite, aunque las tengas contra la esquina, alguno de sus genios puede resolver los partidos de una u otra manera.

 

Si me permiten decirlo, la verdad es que este Mundial se sintió distinto con nuestra selección, porque, aunque no nos caracterizamos por tener un equipo potente, no esperábamos la derrota, esperábamos ese algo más que nos caracteriza como mexicanos, ese "superpoder" que tenemos para salvar las cosas de último minuto, como aquel nocaut de Márquez a Pacquiao.

 

Y aunque la Selección ha tenido destellos de grandeza, como en 2018 cuando venció a Alemania, en 2012 cuando trajo el oro olímpico a casa, o en aquella Copa Confederaciones donde se le ganó a Brasil con autoridad, nunca habíamos creído de verdad que México podía ser campeón del mundo. Pero este año sí. Muy pocas veces he visto a una Inglaterra doblegada y con miedo; nunca creí ver a México provocando que Inglaterra metiera a sus 11 hombres a defender el arco. Pero así es el futbol: injusto, pero hermoso.

 

 

Con esta reflexión no pretendo vender humo, pero sí busco que tengamos más ilusión en el futuro, porque esa ilusión se transmitió en el terreno de juego y casi nos lleva a esos anhelados cuartos de final. Entre la tristeza siempre hay cosas buenas, y hoy aprendimos que, aunque caímos, nos fuimos con honor, buen juego y la esperanza de que, en algún futuro, tengamos a esas individualidades que nos resuelvan los partidos en los momentos más difíciles, que fue lo único que nos hizo falta.

 

Ánimo, porque el "¿Y si sí?" no murió esta noche, simplemente tendrá que esperar a 2030.

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