Con el inicio de la credencialización del Servicio Universal de Salud (SUS), México retoma uno de sus principales objetivos históricos que es garantizar atención médica para toda la población, sin importar su condición laboral o económica.
Aunque el SUS representa una nueva etapa en la política pública de salud, el país ha atravesado distintos intentos de ampliar la cobertura médica durante las últimas décadas, con avances importantes, pero también con problemas persistentes de desigualdad y fragmentación institucional.
El subsecretario de Salud, Eduardo Clark, explica los beneficios que tendrán los mexicanos que obtengan la credencial del Servicio Universal de Salud.
— La Silla Rota (@lasillarota) May 26, 2026
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Uno de los primeros pasos ocurrió en 1943 con la creación del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), que permitió brindar atención médica y seguridad social a trabajadores del sector formal, aunque dejó fuera a millones de personas sin empleo formal o en comunidades rurales.
Décadas después, en 1983, México reconoció en la Constitución el derecho a la protección de la salud y comenzó la descentralización de servicios hacia los estados, buscando ampliar la atención para la población sin seguridad social.
Posteriormente, en 2003 se creó el Seguro Popular, enfocado en ofrecer cobertura médica y protección financiera a personas sin afiliación al IMSS o ISSSTE. Este programa logró ampliar el acceso a servicios médicos, aunque mantuvo la separación entre instituciones y enfrentó críticas por diferencias en calidad y cobertura.
En 2019, el Seguro Popular fue sustituido por el INSABI, modelo que buscó establecer gratuidad universal, pero que enfrentó problemas operativos y posteriormente evolucionó hacia IMSS-Bienestar.
¿Cuáles han funcionado?
Ninguno ha logrado una salud plenamente universal de calidad, equitativa y eficiente. El IMSS consolidó protección para el sector formal; la reforma de 1983 dio base jurídica; el Seguro Popular amplió cobertura y protección financiera.
Sin embargo, persisten la fragmentación institucional, desigualdades regionales y por estrato socioeconómico, gasto de bolsillo alto en comparación con países OCDE y desafíos de calidad, abasto y recursos humanos.
El nuevo Servicio Universal de Salud, formalizado en 2026, plantea un esquema de integración entre IMSS, ISSSTE, IMSS-Bienestar y otras instituciones públicas mediante una credencial única vinculada a la CURP y un expediente clínico electrónico interoperable.
El objetivo es permitir que cualquier persona pueda atenderse en distintas instituciones públicas sin importar su afiliación previa, además de compartir infraestructura, recursos y servicios médicos.
A diferencia de modelos anteriores, el SUS no funciona como un seguro independiente, sino como un sistema de coordinación e integración operativa entre instituciones existentes.
Pese a los distintos intentos durante décadas, México aún enfrenta retos como desigualdad regional, falta de personal médico, desabastecimiento de medicamentos y altos gastos de bolsillo para las familias, por lo que el impacto real del SUS dependerá de su capacidad para mejorar el acceso y la calidad de los servicios de salud en todo el país.