Han pasado más de dos semanas de guerra entre Estados Unidos e Israel contra Irán. La situación escaló a los países del Golfo Pérsico y algunos expertos ya hablan de prepararnos para un conflicto largo. En total se contabilizan 56 procesos bélicos en el mundo que involucran a 92 países, la cifra más alta desde la Segunda Guerra Mundial. Los efectos están llevando a la economía a una crisis que podría ser mayor a la de la pandemia de Covid19. Aquí lo explicamos.
El precio internacional del barril del petróleo ha llegado a los 110 dólares que es 30% más de lo que costaba antes de la guerra. La Agencia Internacional de Energía (AIE) ha pedido que sus países miembros (32) liberen sus reservas estratégicas; no obstante, los países que no pertenecen la AIE y que no tienen reservas, como Sri Lanka o Bangladesh podrían quedarse sin combustible en los próximos días, incluso la India, el gigante en ascenso, ha admitido que sólo tiene reservas para 25 días más.
Para enfrentar esta situación, algunos países asiáticos, los primeros afectados por la cercanía al comercio con el Golfo Pérsico, suspendieron sus actividades universitarias (Bangladesh) y otros desde la educación inicial, declarando vacaciones adelantadas (Pakistán y Sri Lanka); también han declarado semanas laborales de 4 días e instado a las empresas que puedan hacerlo a realizar trabajo remoto para ahorrar energía (Vietnam, Tailandia, Filipinas). Otros países están limitando la venta de gasolina y gas (India, Corea del Sur) y mantienen una alerta para que las empresas puedan planear paros técnicos escalonados.
Si el estrecho de Ormuz, el canal que mantiene cerrado Irán al paso de buques petroleros, no se abre antes de fin de mes, el precio del petróleo podría llegar a 150 dólares, algo inédito en la historia. Sus efectos serían devastadores porque afectan directamente la inflación de los países más dependientes de los energéticos y contagiaría directamente al resto de las materias primas que podrían sufrir hambrunas tan graves como la de la crisis de 1973. Estamos hablando de la vida de millones de seres humanos que se han visto o se verán afectados en los próximos días.
De acuerdo con datos oficiales suman más de 2 mil muertos y casi 5 millones de desplazados, sólo en el conflicto Irán-Israel-Estados Unidos. Estas cifras podrían estar subestimadas por los propios países para no reflejar debilidad, algunas agencias de noticias calculan ya 10 mil muertes. Más los costos económicos que son exorbitantes. La primera semana de la guerra, el asesor económico de Donald Trump, indicó que Estados Unidos había gastado 12 mil millones de dólares, esto significa casi 23 mil dólares por segundo. Las estimaciones recientes apuntan que la segunda semana fue más costosa pues implicó una mayor movilización militar y grandes pérdidas en infraestructura, esto suma más de 30 mil millones de dólares.
Estados Unidos es un país en decadencia con casi 40 millones de ciudadanos en pobreza que requiere casi 142 mil millones de dólares anuales para programas de asistencia alimentaria y 1 billón de dólares anuales en programas para población vulnerable. La siguiente gráfica muestra los comparativos de los costos de la guerra. Si la guerra se prolonga 53 días, el costo será equivalente al total del presupuesto anual del programa en alimentos, es decir en estas dos semanas se ha gastado casi el 40%, por lo que pudieron alimentarse millones de personas. Si la guerra se prolonga un año, se habría gastado el presupuesto total que se otorga en programas sociales a población vulnerable y en año y medio se habrá consumido el presupuesto total de pensiones.

Elaboración propia
Lo anterior demuestra que el problema del hambre y la pobreza no es una cuestión de escasez, sino de distribución. Es, en última instancia, un reflejo del nivel de descomposición de un sistema que, aun contando con recursos suficientes para garantizar condiciones de vida dignas, reproduce carencias estructurales para millones de personas. Esta guerra se financia con los impuestos de millones de ciudadanos estadounidenses, profundiza el sufrimiento de otros tantos millones fuera de sus fronteras y, sin embargo, concentra sus beneficios en un reducido grupo de intereses económicos y geopolíticos.
Estas dinámicas responden a la lógica de acumulación del propio sistema, que en contextos de desaceleración recurre a la expansión del gasto militar y a la confrontación como mecanismos de reorganización económica y política. Las guerras contemporáneas son expresiones de una forma específica de estructurar el poder y la riqueza a escala global. Frente a ello, la única fuerza capaz de contenerlos es la organización internacional de la clase trabajadora, por el bien de la humanidad.
*Profesor-Investigador Universidad Autónoma del Estado de Quintana Roo
Miembro del Sistema Nacional de Investigadores e Investigadoras
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