En Puebla capital, la política suele tener una curiosa relación con el tiempo: cuando se trata de resolver problemas urgentes, todo parece demorarse; pero cuando se trata de montar un gesto simbólico, la prisa suele ser la regla; sin embargo, esta vez ni para lo simbólico hubo puntualidad.
Y es que en un alarde de compromiso con la “causa femenina” que ya roza lo caricaturesco, el Ayuntamiento de Puebla, ese que “dirige” José Chedraui, se apuntó otro “éxito” inolvidable: iluminar la Estrella de Puebla de color morado… el 9 de marzo por la tarde.
Sí, leyó usted bien, un día después del 8M, cuando el mundo ya había pasado página del Día Internacional de la Mujer y las redes ya estaban llenas de resúmenes de marchas, discursos y promesas incumplidas.
Y si a esta escena le faltará un mejor argumento, un empleado municipal (porque al parecer ni para apretar un botón se necesita jerarquía) fue el encargado de encender la icónica rueda de la fortuna, convertida en símbolo púrpura tardío.
El acto protocolario reunió a la nada despreciable cantidad de ocho personas, entre ellos el que representaba a la “autoridad municipal”. Ocho, ni una más; el alcalde, por supuesto, brilló por su ausencia. No se burle, quizás estaba demasiado ocupado, en reuniones impostergables o en evitar cualquier escenario donde tuviera que dar la cara y leer por celular un discurso de minuto y medio. Lo de siempre, pues.
Pero no sé deje engañar, este episodio no es un error logístico menor, sino que es el retrato perfecto de una administración que ha claudicado en lo simbólico y en lo sustantivo.
¿Qué mensaje envía un gobierno municipal que no puede ni coordinar un encendido puntual para una fecha emblemática? Para Chedraui, la lucha de las mujeres, esa que se conmemora el 8 de marzo precisamente por las desigualdades estructurales, la violencia y la invisibilización, merece un gesto tardío, desangelado y delegado a subalternos.
Mientras tanto, Puebla sigue sumida en pendientes que sí requieren presencia y decisión del alcalde: baches que parecen cráteres lunares, inseguridad que no cede, servicios públicos que cojean y una ciudad que, pese a los slogans de “capital imparable”, parece estancada en la simulación.
Iluminar una rueda de la fortuna un día después no es empoderar a nadie, es maquillar la indiferencia con luces LED; José Chedraui parece haber entendido su papel como un mal administrador de imagen: lanzar activaciones físicas, recorrer galerías y presentar calendarios violetas… pero cuando toca aparecer en persona para un gesto sencillo y visible, prefiere hacerse el ocupado, ¿o el descansado?
¿Miedo al ridículo? ¿Desgano? ¿O simplemente la convicción de que a los poblanos nos basta con un morado tardío para sentirnos atendidos? El “triunfo” del 9 de marzo no es más que otro capítulo en la larga lista de desaires disfrazados de compromiso.
La Estrella de Puebla, allá arriba, iluminada de morado con retraso, parece burlarse de nosotros: brillante, lejana y completamente ajena a la realidad de quienes abajo seguimos esperando que el gobierno municipal deje de ser un spot publicitario de puras mentiras y empiece a funcionar de verdad.
Por eso estamos como estamos, porque si para apretar un botón y encender unas luces el alcalde está ausente, ¿qué se puede esperar para las urgencias de una ciudad en crisis?