Del entretenimiento a la adicción: esto es la ludopatía en la era digital

Del entretenimiento a la adicción: esto es la ludopatía en la era digital

Foto: Freepik

Cada 17 de febrero se conmemora el Día Internacional del Juego Responsable, una fecha que invita a reflexionar sobre los riesgos de la ludopatía en un contexto donde las apuestas digitales han crecido de manera exponencial.

 

Lo que antes se limitaba a casinos físicos, loterías o espacios presenciales con horarios definidos, hoy está disponible las 24 horas del día desde cualquier teléfono móvil, esta transformación ha convertido al trastorno por juego en una adicción silenciosa, más accesible y, según especialistas, potencialmente más adictiva que nunca.

 

La digitalización eliminó casi todas las barreras tradicionales, apostar ya no requiere desplazarse ni exponerse socialmente; basta con descargar una aplicación o ingresar a una plataforma online; esta accesibilidad total fomenta el juego impulsivo y constante, especialmente entre jóvenes y adolescentes, quienes encuentran en el entorno digital un espacio natural de interacción.

 

El anonimato y la privacidad, además, reducen la percepción de riesgo y facilitan ocultar pérdidas, a ello se suma el diseño adictivo de muchas plataformas.

 

Colores llamativos, sonidos estimulantes, notificaciones permanentes y bonos de bienvenida forman parte de estrategias que buscan mantener al usuario conectado, el sistema de recompensas intermitentes, ganancias impredecibles que activan la dopamina, refuerza el ciclo compulsivo.

 

La inmediatez entre apuesta y resultado genera un “subidón” emocional que puede llevar a repetir la conducta una y otra vez.

 

Otro factor clave son las bajas barreras de entrada, comenzar con cantidades mínimas normaliza el hábito y puede derivar en la llamada “persecución de pérdidas”: apostar más dinero para intentar recuperar lo perdido.

 

En el entorno digital, el uso de dinero electrónico diluye la sensación de gasto real, lo que facilita minimizar el impacto acumulado de las pérdidas.

 

La publicidad agresiva y la normalización del juego también contribuyen al problema; anuncios en eventos deportivos, patrocinios y promociones constantes presentan las apuestas como un entretenimiento cotidiano y una supuesta vía rápida para ganar dinero. Este mensaje, repetido de forma masiva, impacta especialmente en públicos jóvenes.

 

La ludopatía suele comenzar como una actividad recreativa o curiosidad ocasional, pero evoluciona hacia un trastorno cuando la persona pierde el control; expertos en adicciones conductuales advierten que el juego estimula el sistema de recompensa cerebral de manera similar a ciertas sustancias, generando tolerancia y síntomas de abstinencia, como ansiedad o irritabilidad, cuando no se juega.

 

En la actualidad, el inicio en el juego se registra a edades cada vez más tempranas, el impacto es silencioso, al no dejar huellas físicas visibles, muchas personas ocultan el problema hasta que aparecen consecuencias graves como endeudamiento, aislamiento social, ansiedad, depresión e incluso conductas suicidas.

 

Un elemento que ha amplificado esta tendencia es el papel de influencers y streamers, a través de transmisiones en vivo, muestran sesiones de apuestas en plataformas digitales, exhibiendo supuestas ganancias y compartiendo códigos promocionales o enlaces de afiliados.

 

La relación cercana que construyen con sus seguidores, favorece la imitación de conductas de riesgo; en numerosos casos, no se transparenta que las pérdidas pueden superar ampliamente las ganancias o que el dinero utilizado proviene de acuerdos comerciales.

 

Ante este panorama, el Día Internacional del Juego Responsable cobra especial relevancia, especialistas insisten en la necesidad de reforzar regulaciones, establecer controles de edad más estrictos, limitar la publicidad y promover herramientas como la autoexclusión y los límites de gasto.

 

Asimismo, subrayan la importancia de la educación digital y la detección temprana; la ludopatía es una adicción conductual real y tratable, si el juego deja de ser una forma de entretenimiento y comienza a generar problemas personales, familiares o financieros, buscar ayuda profesional es fundamental.

 

Jugar responsablemente implica reconocer límites, no perseguir pérdidas y priorizar el bienestar por encima de la ilusión de ganancias rápidas. En la era digital, el riesgo es mayor, pero también lo es la oportunidad de generar conciencia y prevención.

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