Los huehues ya recorren las calles de Puebla con sus característicos trajes extravagantes. Esta tradición, que fusiona elementos indígenas y coloniales, destaca por sus disfraces coloridos y elaborados, que van desde opciones sencillas hasta piezas de alto costo artesanal.
Los trajes de huehues son atuendos tradicionales llenos de color, elegancia y simbolismo, los cuales combinan elementos festivos con detalles satíricos que evocan la burla indígena hacia los colonizadores españoles durante la época colonial.
El traje base consiste en un conjunto elegante que puede incluir chaqueta y pantalón, o en algunos casos traje tipo frac o incluso vestido estilizado, generalmente se acompaña con zapatos de charol, lo que refuerza la apariencia refinada y exageradamente formal que caracteriza a los personajes.
La capa es uno de los elementos más llamativos, está bordada a mano con chaquira, lentejuelas y figuras que pueden representar motivos indígenas, coloniales, religiosos o históricos. Su elaboración requiere mucho tiempo y dedicación, por lo que suele ser la parte más elaborada y costosa del traje.
El sombrero, comúnmente tipo tejano o de ala ancha, está adornado con plumas de avestruz o grandes penachos de colores vivos, conocidos también como huacales; estas plumas aportan altura, movimiento y espectacularidad al conjunto.
La máscara o careta, generalmente tallada en madera, representa rostros europeos con rasgos exagerados como ojos claros, bigotes pronunciados y piel blanca, esta representación tiene un sentido satírico, pues simboliza la imitación y burla hacia los antiguos colonizadores españoles.
Finalmente, el traje se complementa con diversos accesorios como guantes, abanicos, bastones, joyería llamativa o falsa, maquillaje y plumas adicionales. Los diseños pueden variar en colores y detalles, pero siempre conservan el estilo extravagante, vistoso y festivo que distingue a los huehues.
¿Dónde se elaboran?
La elaboración es artesanal y se concentra principalmente en municipios con fuerte tradición carnavalera, por ejemplo, en Huejotzingo, uno de los epicentros principales, ahí operan talleres y sastrerías familiares especializadas en trajes, capas bordadas y accesorios.
Ejemplos incluyen talleres como los de la familia Pinto Oliver, sastrerías como Morales, o bordadoras como Silvia Ibarra y Verónica Méndez Hernández, incluso en la calle Niños Héroes del Tercer Barrio, hay locales que venden y rentan trajes completos.
Las máscaras de huehues se elaboran principalmente por artesanos locales en talleres familiares, destacando zonas como el Barrio de Xonaca, Analco, El Alto y municipios como Tetela de Ocampo.
Para si elaboración usan madera o fibra de vidrio, tardando días en tallar, pintar y detallar caretas tradicionales, de diablos o personajes satíricos.
Los precios de los trajes varían enormemente según la calidad, los materiales utilizados y la complejidad del diseño.
Los trajes básicos o sencillos tienen un costo aproximado de entre 3,000 y 5,000 pesos, generalmente se elaboran en menos tiempo y utilizan materiales estándar.
En un nivel intermedio, los precios oscilan entre 20,000 y 30,000 pesos, incluyendo capa bordada y diversos accesorios que elevan la calidad y el impacto visual del atuendo.
Por su parte, los trajes más elaborados o pertenecientes a cuadrillas destacadas pueden costar entre 25,000 y 40,000 pesos. En estos casos, solo la capa puede superar los 8,000 pesos, mientras que la careta puede tener un precio de entre 5,000 y 12,000 pesos, dependiendo del trabajo artesanal y los materiales empleados.
En la categoría de alta gama, los precios van desde 30,000 hasta 150,000 pesos o incluso más, estos trajes incorporan plumas premium, bordados intrincados, máscaras talladas a mano y estructuras pesadas que pueden incluir varios kilos de plumas.
En lugares como Huejotzingo y Puebla también es común la renta de trajes durante la temporada de carnaval, los costos van desde 750 pesos para tallas infantiles o juveniles por los días que dura la festividad, mientras que para adultos el precio puede ser mayor.
Más allá del valor monetario, para los danzantes el traje representa una herencia cultural y un vínculo con su barrio y familia. Muchos participantes mantienen atuendos que han pasado por generaciones, conservando piezas antiguas o inspiraciones heredadas de sus antepasados.