Nuevas maneras de amar: la diversidad de vínculos gana terreno

Nuevas maneras de amar: la diversidad de vínculos gana terreno

Foto: Freepik

A unos días de celebrarse el Día del Amor y la Amistad, las historias de pareja ya no responden a un solo modelo, en medio de una sociedad en constante transformación, cada vez más personas exploran formas distintas de vincularse afectivamente, dejando atrás la idea de que el amor solo puede vivirse desde la monogamia.

 

En los últimos años, las formas de vincularse afectiva y sexualmente han experimentado una diversificación notable, conceptos como relaciones abiertas, poliamor o anarquía relacional han ganado presencia en redes sociales, estudios académicos y debates públicos, especialmente entre generaciones jóvenes; sin embargo, aunque su visibilidad social crece, el reconocimiento legal de estos modelos sigue siendo limitado.

 

Entre los modelos relacionales más comunes y discutidos actualmente se encuentran las relaciones abiertas, en las que existe una pareja principal con exclusividad afectiva, pero con libertad para mantener encuentros sexuales con otras personas. 

 

Un esquema similar es el de las parejas swingers o liberales, que suelen involucrar experiencias sexuales compartidas, como intercambio de parejas o tríos, priorizando la monogamia emocional, aunque no la sexual.

 

El poliamor permite mantener múltiples relaciones románticas, afectivas y sexuales de manera simultánea y consensuada. Puede organizarse de forma jerárquica, donde existe una relación principal, o no jerárquica, en la que todos los vínculos tienen el mismo nivel de importancia. 

 

Por su parte, la polifidelidad se basa en un grupo cerrado, como una trío, que mantiene exclusividad entre sus integrantes, sin abrirse a relaciones externas.

 

Otro enfoque es la anarquía relacional, que rechaza jerarquías y etiquetas tradicionales, y no coloca al amor romántico por encima de otros vínculos como la amistad. 

 

Asimismo, existe el modelo DADT (Don’t Ask, Don’t Tell), donde se permite tener otras relaciones, pero sin compartir detalles ni hacer preguntas al respecto. 

 

A estos se suman términos como relaciones cuasiplatónicas o esquemas mono-poli, en los que una persona monógama acepta que su pareja no lo sea.

 

¿Qué dice la ley?

 

Pese a su creciente presencia social, la mayoría de estos modelos no cuentan con reconocimiento legal formal, particularmente en México y en gran parte de América Latina. El marco jurídico mexicano contempla únicamente el matrimonio y el concubinato o unión de hecho entre dos personas, sin importar su orientación sexual o identidad de género.

 

La poligamia, entendida como matrimonio múltiple, está prohibida y tipificada como delito en México y en la mayoría de los países occidentales. Aunque la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) ha conocido casos relacionados con familias no tradicionales, hasta ahora ha confirmado que no existe sustento legal para reconocer uniones multipersonales.

 

Ante este vacío legal, las familias poliamorosas recurren a herramientas privadas como contratos civiles, testamentos o acuerdos notariales para proteger derechos relacionados con herencia, vivienda, custodia o seguros, aunque estos mecanismos no tienen el mismo alcance ni protección que el matrimonio.

 

A nivel global, la poligamia, más no el poliamor, es legal en alrededor de 58 países, principalmente en África y Medio Oriente, bajo esquemas mayoritariamente de poliginia. En contraste, en algunas ciudades de Estados Unidos se han registrado avances puntuales mediante fallos judiciales o reformas locales que reconocen derechos limitados para uniones múltiples, principalmente en materia de vivienda o desalojos, sin equipararlas al matrimonio.

 

Países como Canadá, Países Bajos o Brasil muestran una mayor apertura social al debate, pero sin contar aún con legislación específica que reconozca formalmente el poliamor.

 

En el marco del Día del Amor y la Amistad, especialistas y colectivos subrayan que no existe un modelo relacional “superior”, sino vínculos que funcionan a partir de la comunicación, el consentimiento y el respeto mutuo, mientras la diversidad afectiva avanza en lo social, el reto pendiente sigue siendo el jurídico, en un contexto donde la monogamia continúa dominando las estructuras legales.

 

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