La organización de la Copa Mundial de la FIFA 2026 y la preparación del Super Bowl LX, dos de los acontecimientos deportivos más importantes del mundo, han puesto en el centro del debate no solo la expectativa deportiva, sino también el alto costo que implica asistir a estos espectáculos en territorio estadounidense.
Mientras la FIFA ha reconocido públicamente que los boletos del Mundial “no son baratos”, justificando sus precios por la demanda histórica, el Super Bowl mantiene su fama como uno de los eventos más costosos para el aficionado promedio.
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La final de la Copa Mundial 2026, programada para el 19 de julio en el MetLife Stadium de Nueva Jersey, presenta una amplia gama de precios en su venta oficial. De acuerdo con información de la FIFA, las entradas de Categoría 1, correspondientes a las mejores ubicaciones, alcanzan hasta aproximadamente 6,730 dólares. Las categorías intermedias se ubican en varios miles de dólares, con precios cercanos a los 4,185 dólares, mientras que las localidades más económicas parten de alrededor de 2,030 dólares.
Ante las críticas globales por los altos costos, la FIFA implementó un esquema denominado “Supporter Entry Tier”, que permite adquirir boletos desde 60 dólares por partido, incluidos los de alta demanda. No obstante, esta modalidad cuenta con disponibilidad muy limitada y su asignación depende de las federaciones participantes, por lo que no representa una opción accesible para la mayoría del público.
En el mercado de reventa, los precios para la final del Mundial se disparan considerablemente. En plataformas oficiales y mercados secundarios se han detectado ofertas que llegan a cifras extremas, con boletos listados en casos aislados hasta por 230,000 dólares, impulsados por una demanda sin precedentes.
La FIFA ha informado que durante las fases de venta recibió más de 500 millones de solicitudes de entradas, lo que explica la presión constante sobre los precios.
Por su parte, el Super Bowl LX, que se celebrará el 8 de febrero en el Levi’s Stadium de Santa Clara, California, presenta una dinámica distinta. La NFL no comercializa boletos de forma general al público, ya que la mayoría se distribuyen entre equipos, patrocinadores y socios comerciales, por lo que el mercado secundario se convierte prácticamente en la única vía de acceso para los aficionados.
En plataformas de reventa como StubHub, SeatGeek y Vivid Seats, las entradas más económicas para el Super Bowl se ubican actualmente entre los 5,600 y 6,400 dólares.
Históricamente, el precio promedio de reventa oscila entre los 4,000 y 6,000 dólares, mientras que los boletos premium, con mejor cercanía al campo, pueden superar fácilmente los 8,000 dólares. A ello se suman los paquetes de hospitalidad y experiencias VIP, que elevan aún más el costo total.
En una comparación directa, la final del Mundial 2026 ofrece un piso de acceso más bajo en su valor oficial, con boletos desde alrededor de 2,000 dólares e incluso la opción limitada de 60 dólares para seguidores seleccionados.
En contraste, el Super Bowl presenta una barrera de entrada significativamente más alta, al depender casi exclusivamente de la reventa, donde los precios rara vez bajan de los 5,000 dólares.
Ambos eventos confirman su carácter de experiencias exclusivas y de alto costo. Mientras la FIFA enfrenta cuestionamientos por el uso de precios dinámicos y la apertura de la reventa, la NFL mantiene un modelo de distribución cerrada que sostiene precios elevados en el mercado secundario.
En cualquier escenario, asistir en persona a la final del Mundial o al Super Bowl en 2026 representa una inversión considerable, reservada para un segmento reducido de aficionados.