Viñetas que hicieron historia: la evolución del cómic en México

Viñetas que hicieron historia: la evolución del cómic en México

Foto: FreePik

Este viernes arrancó la Ficómics BUAP 2025, un evento centrado en la narrativa gráfica como arte y herramienta cultural, que conecta directamente con una tradición que abarca más de un siglo de historia.

 

 

Precisamente, en el marco de este festival, analizaremos los orígenes, desarrollo y transformaciones del cómic mexicano, destacando su contexto histórico, cultural y artístico.

 

El origen del cómic mexicano se encuentra en las tradiciones gráficas del siglo XIX, especialmente en la caricatura política y las litografías populares. Artistas como José Guadalupe Posada marcaron el camino con grabados en publicaciones como El Hijo del Ahuizote, donde combinaban ilustraciones con textos satíricos para criticar al régimen porfirista. Estas viñetas, aunque no eran cómics en el sentido moderno, usaban secuencias visuales para narrar historias o reflejar la realidad social, sentando las bases para el medio.

 

 

A inicios del siglo XX, la influencia de las tiras cómicas estadounidenses, como The Katzenjammer Kids y Mutt and Jeff, publicadas en periódicos mexicanos como El Imparcial, inspiró a artistas locales a adoptar el formato de viñetas secuenciales, adaptándolas al contexto cultural mexicano, con temas que resonaban con la identidad posrevolucionaria.

 

El cómic mexicano se consolidó en las décadas de 1930 y 1940, una época de efervescencia cultural tras la Revolución Mexicana. Revistas como Paquín, Paquito y Chamaco fueron pioneras, publicando tanto traducciones de cómics extranjeros como historias originales. La revista Pepín de 1936, se convirtió en un fenómeno, con tirajes masivos de hasta 300,000 ejemplares, ofreciendo historias de aventuras, romance, vaqueros y folclor mexicano.

 

 

Dentro de esta generación, destacó José Cruz quien creó a Santo, el Enmascarado de Plata en 1952, inspirado en el icónico luchador, que se convirtió en un símbolo de la cultura popular, fusionando la lucha libre con narrativas de acción. O Yolanda Vargas Dulché quién desarrolló Memín Pinguín, en 1943, una serie sobre un niño afrodescendiente que, aunque popular, hoy genera controversia por estereotipos raciales. También creó Lágrimas, Risas y Amor, que definió el género romántico.

 

 

En las décadas de 1960 y 1970, editoriales como Editorial Novaro, Novedades Editores y Vid dominaron el mercado. Novaro tradujo cómics de Marvel y DC, pero también produjo contenido original, como Kalimán de 1963, creado por Rafael Cutberto Navarro y Modesto Vázquez, un héroe místico que alcanzó ventas millonarias. Otros títulos populares incluyeron El Payo y Fantomas.

 

Actualmente, existen cómics mexicanos a la venta, aunque el mercado ya no es tan grande como en la época dorada de los años 70 a 90, cuando revistas como Kalimán, Chanoc, Lágrimas, Risas y Amor, Fantomas, La Familia Burrón o Memín Pinguín se encontraban en todos los puestos de periódicos.

 

Ahora, estos comics pueden encontrase esporádicamente en estos lugares o en ferias de libros, convenciones o tiendas de prestigio en versión reeditada o en formato digital.

 

 

De igual forma en tiendas especializadas en cómics o plataformas en línea como Amazon, Mercado Libre, e incluso directamente en webs de las editoriales.

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