Es debate no combate

Es debate no combate

En efecto, es debate no combate, lo que usted y cualquier votante espera de los senadores y diputados que integran la Comisión Permanente del Congreso de la Unión, máxime si se trata de la última sesión, y previa entonación del Himno Nacional Mexicano.

 

Pero en una sesión tan tensa como la del jueves 27, en la que abundaron epítetos como el ya generalizado “narco” o el por fortuna menos empleado “traidora a la patria” –para la vocera parlamentaria de Ricardo Benjamín Salinas Pliego, el archimillonario evasor fiscal y suspirante a presidir a los mexicanos que tanto esquilma– la entonación del Himno fue la señal de arranque para que Alejando Moreno Cárdenas, su fiel escudero Rubén Moreira y los diputados Carlos Gutiérrez Mancilla y Erubiel Alonso que no forman parte de la Comisión Permanente pero si eran pieza clave para impedir que Gerardo Fernández Noroña, presidente de la CP, alcanzara la salida física del Presídium de la sede alterna del Senado y entonces el enriquecido y muy corrupto exgobernador de Campeche saciara a manotazos y puñetazos –“vergazos” les llama él– toda la furia que lo aprisiona debido a que por primera vez en la casi centenaria historia del Partido Revolucionario Institucional no ocupará una vicepresidencia porque no reúne los legisladores suficientes.

 

Es el descontrol del autodenominado Alito por el futuro que prácticamente ya es presente, o como bien apunta el autor de Astillero, Julio Hernández López, “Es la desesperación por la intrascendencia opositora, por las profecías apocalípticas que tardan en ser cumplidas o acaso nunca lo sean. Es el pataleo y la iracundia por motivos nativos. Pero, sobre todo, es el alineamiento a los intereses de Estados Unidos, a donde han ido de visita rogatoria, entreguista, alineadora, tanto la vociferante Lilly de cambiantes banderas, como el decadente Alito de bancadas cada vez menores”.

 

También es el pavor a verse a la vuelta de junio de 2027 o cuando mucho de junio de 2030 en el espejo que cada mañana usan los fracasados Chuchos que como profesionales de los cachitos o las migajas del poder, se alistan para, según ellos, emerger con nuevos negocios públicos llamados partidos.

 

Y para un sujeto soberbio, corrupto y autoritario como Moreno Cárdenas y su  fiel escudero Rubén Moreira quien llamó “punta de narcos” a los legisladores de Morena –cuando su hermano Humberto lo acusó de asesinar en contubernio con criminales a su hijo José Moreira Rodríguez–, no debe ser fácil sortear el complejo camino de la intrascendencia partidista y, por ello, su defensa cerrada a la vocera parlamentaria del Señor de los Abonos Chiquitos y la Azteca programación con base en la basura televisiva. Y la cobarde agresión del cuarteto de porros al camarógrafo Emiliano González al que patearon después de derribarlo.

 

Esto explica el entreguismo al imperio de las barras y las estrellas de Rafael Alejandro y su fiel escudero Rubén Moreira, a las órdenes de Donald John Trump, el monarca que pierde mucho piso cuando se autoevalúa: “Mucha gente dice: ‘quizás nos guste un dictador’. No soy un dictador, soy una persona con gran sentido común y muy inteligente”. Y ya en el delirio imperial decadente jura y perjura que “Me llaman el presidente de Europa. Europa está gobernada por ineptos”.

 

A pregunta expresa sobre Fernández Noroña, Claudia Sheinbaum escurrió en mala hora el bulto: “Los quiero a todos”. No sé a usted, pero a mí no me importan sus querencias, sino su actitud institucional ante el presidente del Senado.

 

Acuse de recibo

 

Última parte del testimonio de Elba Pérez V. “Los niños amigos que nos visitaron con sus padres, antes de la detención de mi papá José Encarnación Pérez Gaytán, en el departamento de la calle Durango: el ‘Cholín’ (+), Dionisio, el hijo menor de Encina Rodríguez, quien fuera secretario general del PCM, y de Paula Medrano Mireles, dirigente feminista; David (+), el poeta, hijo de otro gran poeta Efraín Huerta Romo y de la abogada Mireya Bravo Munguía, luchadora por los derechos de las mujeres; Iván, hijo de Pompeyo Márquez Millán, dirigente comunista venezolano, no lo volví a ver. Otro líder de ese país fue Gustavo Machado, entonces perseguidos por la dictadura en turno. Varios comunistas, mexicanos y extranjeros, estuvieron en ese departamento en donde vivimos, en aquel periodo. Posteriormente, en la época de la cárcel de mi papá, algunas personas llegaron a pasar un tiempo, viviendo con nosotras, como la mamá del joven comunista, dirigente estatal del PCM y ferrocarrilero, asesinado por el ejército en Monterrey, Román Guerra Montemayor. Él estuvo en el Campo Militar de Monterrey, y un compañero que estaba con él, Pilar, dijo que pidió ir al baño, al parecer lo llevaron, pero ya no volvió, apareció tirado muerto en un camino de terracería, con ropas de mujer. Las mujeres aquí mencionadas fueron camaradas y amigas de mi mamá Amelia Villalba Alvarado, quien fue maestra rural, dirigente de mujeres y campesinos, miembro del Comité Central del PCM”.

 

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