Elementos policiacos, entre la impunidad y la desconfianza

Elementos policiacos, entre la impunidad y la desconfianza

Foto: Enfoque, Freepik

Los policías son una de las piezas fundamentales en el engranaje de la seguridad pública de cualquier país. No solo velan por el bienestar de la sociedad, sino que tienen la responsabilidad de proteger y servir de acuerdo con la ley. Desafortunadamente, esto no ocurre en todas las corporaciones, pues algunos elementos, no todos, tanto dentro como fuera de su horario laboral, se ven involucrados en conductas que transgreden la normativa y afectan gravemente la confianza ciudadana en las instituciones de seguridad.

 

Estas conductas, que a menudo quedan impunes o mal sancionadas, se han convertido en una problemática recurrente en diversas partes del mundo, y México no es la excepción.

 

Dentro de su función, algunos policías incurren en prácticas que van en contra de los principios de legalidad, imparcialidad, eficiencia y respeto a los derechos humanos. El abuso de poder es una de las principales violaciones. Esta práctica ocurre cuando los elementos de seguridad pública utilizan su posición para intimidarextorsionar o maltratar a los ciudadanos.

 

Otra de las infracciones más comunes y graves es el uso excesivo de la fuerza. En muchas ocasiones, la fuerza policial no está justificada en situaciones de mínima amenaza. Casos de violencia durante arrestos o detenciones sin motivo razonable son frecuentes y generan un impacto negativo en la imagen de la institución, además de una relación de desconfianza con la comunidad, que percibe a los agentes como opresores en lugar de protectores.

 

Uno de los escándalos más recurrentes en muchas ciudades del país es la extorsión, fenómeno que se ha vuelto aún más visible con la viralización de contenidos en redes sociales y la inmediatez con la que pueden difundirse.

 

Algunos policías en activo, al tener contacto directo con la ciudadanía, aprovechan su posición para exigir dinero a cambio de no llevar a cabo una detención injustificada o para liberar a personas arrestadas por delitos menores.

 

El problema se agrava cuando los policías, en sus horarios francos, es decir, en sus días de descanso o fuera de su jornada laboral, caen en la doble moral y la impunidad. Si bien dentro del horario laboral su responsabilidad está claramente definida, fuera de este las conductas ilícitas de algunos agentes suelen diluirse en un mar de impunidad. Esto se debe, en muchos casos, a la falta de control sobre sus acciones cuando no están en servicio y a la ausencia de mecanismos eficientes para hacerlos rendir cuentas en su tiempo libre.

 

Algunos policías ceden a la tentación de involucrarse en actividades ilícitas como el narcotráfico, el robo de vehículos, la venta de armas ilegales o incluso ser parte de bandas del crimen organizado. Debido a su formación y conocimiento de la ley, pueden actuar como facilitadores de estos delitos, evitando ser detectados por sus colegas u otros cuerpos de seguridad.

 

Si bien esto no es generalizado, existen reportes de oficiales involucrados en el consumo de sustancias prohibidas, lo que afecta su rendimiento laboral, su comportamiento y su compromiso con la ley.

 

La violencia intrafamiliar es otra de las conductas que afectan tanto a los policías como a sus familias. Problemas personales o situaciones emocionales pueden derivar en agresiones hacia sus parejas, exparejas o hijos.

 

Ejemplos en Puebla

 

En Puebla han ocurrido diversos casos que evidencian la participación de policías en actos ilícitos o de abuso de autoridad:

 

  • 22 de enero: Tres hombres fueron detenidos por robo a casa habitación en Galaxia La Calera, en un operativo que contó con la participación de autoridades municipales, estatales y federales. Entre los detenidos se identificó a Mauricio N., elemento del grupo especial de Reacción Operativa Contra Asaltos (ROCA), y José Carlos N., adscrito al área de Inteligencia de la SSC.
  • 12 de febrero: Elementos de la Policía de la Ciudad aseguraron a tres hombres en estado de ebriedad que hicieron detonaciones de arma de fuego en calles de la colonia Bosques del Pilar. Tras corroborar sus identidades, se confirmó que eran elementos de la corporación. La SSC informó que se inició un procedimiento interno para suspenderlos de su cargo y fueron puestos a disposición del Ministerio Público por abuso de autoridad.
  • 31 de marzo: Habitantes de la colonia Galaxia La Calera solicitaron la intervención de la policía luego de que un elemento de la Policía Estatal fuera señalado de agredir a su expareja e intentar quitarle a su hija menor de edad. Miguel Ángel N., como fue identificado el probable responsable, fue detenido por policías municipales. La Secretaría de Seguridad Pública informó que, además de ser puesto a disposición del Ministerio Público, se inició un expediente en su contra en el área de Asuntos Internos.

 

 

Impunidad y falta de consecuencias

 

Una de las razones por las cuales estas conductas persisten entre algunos policías es la impunidad y la falta de consecuencias claras. Si bien la mayoría de las corporaciones cuentan con normativas y códigos de ética que estipulan sanciones por conductas ilegales, la implementación de estos castigos suele ser ineficaz.

 

La falta de transparencia en los procesos internos y las malas prácticas dentro de las corporaciones policiales permiten que algunos oficiales continúen con sus comportamientos sin ser sancionados.

 

La impunidad, sumada a la desconfianza en las autoridades, genera un ciclo en el que la corrupción y las conductas ilícitas persisten dentro de las fuerzas del orden. Los policías que se sienten ajenos a las consecuencias legales son más propensos a seguir cometiendo infracciones sin temor a ser descubiertos o castigados.

 

¿Incrementan las sanciones cuando el infractor es un policía?

 

Las sanciones varían según la legislación de cada estado y el tipo de infracción o delito cometido. Sin embargo, en términos generales, cuando un policía infringe la ley, las consecuencias legales pueden ser más severas que las de un ciudadano común, debido a su posición de autoridad, la confianza pública y los estándares éticos que debe cumplir.

 

El hecho de que un policía esté involucrado en una infracción o delito no solo lo afecta individualmente, sino que también erosiona la confianza de la sociedad en las instituciones de seguridad pública.

 

En México, al igual que en muchos otros países, los elementos de las fuerzas de seguridad están sujetos a un régimen disciplinario y legal más estricto que los civiles, dada la responsabilidad que asumen al formar parte de estas instituciones.

 

Además de las sanciones penales, los policías están sujetos a medidas disciplinarias internas que pueden ir desde suspensiones hasta despidos, dependiendo de la gravedad de la infracción.

 

El principio de "doble responsabilidad" es otro aspecto clave en México. Este principio implica que, además de las consecuencias penales que enfrentarían como cualquier ciudadano, los policías pueden ser sancionados administrativamente dentro de la misma institución, lo que hace que sus castigos sean aún más severos que los de un civil en una situación similar.

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