
Desafortunadamente, existe un problema que se ha vuelto cada vez más común entre las personas: depositar sus aparatos electrodomésticos descompuestos, como televisores, estufas, refrigeradores, lavadoras, entre otros, en los contenedores de basura sin conocer las consecuencias medioambientales que esta práctica puede provocar.
Cada vez que se desecha un aparato electrodoméstico, se liberan metales pesados tóxicos como mercurio, plomo, cadmio, cromo, arsénico y antimonio, así como retardantes de llama bromados, compuestos perfluorados, ftalatos, formaldehído, entre otros. Estos tienen el potencial de causar graves daños a la salud y al medioambiente.
Además, estos contaminantes no solo afectan los ecosistemas acuáticos, sino que también pueden ingresar en la cadena alimentaria, representando una amenaza para la salud humana. Basta con señalar que el mercurio produce daños en el cerebro y el sistema nervioso; el plomo potencia el deterioro intelectual, ya que tiene efectos perjudiciales en el cerebro y todo el sistema circulatorio; el cadmio puede producir alteraciones en la reproducción e incluso provocar infertilidad; y el cromo está altamente relacionado con afecciones en los huesos y los riñones.
La basura eléctrica y electrónica en tiraderos clandestinos contribuye a la producción de lixiviados, que son líquidos resultantes de un proceso de descomposición orgánica. Estos se mezclan con otras sustancias, como los metales pesados de los equipos eléctricos, y son absorbidos por el suelo, lo que, a través de los años, podría contaminar los mantos acuíferos de forma irreversible.
¿Cuál es la manera correcta de deshacernos de esta basura sin dañar el medioambiente?
Los electrodomésticos viejos o que ya no sirvan pueden ser eliminados de forma ecológica y entregados en un centro de reciclaje. Internet es una herramienta útil para ubicarlos y conocer horarios y condiciones.
Otro método correcto para no contaminar el medioambiente es acudir con las personas que se encargan de separar la basura, quienes, a cambio de un apoyo económico, se llevan los aparatos, los desarman y posteriormente los venden por piezas. También están los conocidos "ropavejeros", quienes recorren las calles de la ciudad comprando todo tipo de artículos que ya no se usan en el hogar y luego los llevan a los centros de reciclaje.
Los desechos de aparatos eléctricos y electrónicos recogidos por los canales adecuados se entregan a empresas de tratamiento primario certificadas. Estas compañías primero comprueban si el equipo puede ser reutilizado y volver a ponerse en circulación sin grandes esfuerzos. Si esto no es posible, los antiguos aparatos eléctricos liberan de líquidos, contaminantes y componentes con sustancias nocivas.
Los aparatos viejos se desmontan en partes, se trituran mecánicamente y luego se separan en fracciones individuales de material. Dependiendo del tipo de fracción, se envían a recicladores de plásticos, fábricas de acero, hierro o cobre, o a otras empresas de recuperación para su reciclado o conversión en energía.