Fanatismo: creencias llevadas a un extremo peligroso

Fanatismo: creencias llevadas a un extremo peligroso

Foto: Freepik

El 6 de marzo la capital de Jalisco fue testigo de los crímenes de un joven de 20 años identificado como Alejandro N., quién ingresó a la Universidad Tecnológica de Guadalajara (UTEG) para asesinar a dos mujeres y herir a otros dos hombres; antes de eso, asesinó a otra mujer en un hotel cercano. Aunque no hay un móvil definido, los primeros reportes señalan un acto de fanatismo.

 

Si bien todavía no hay una conclusión de las investigaciones, el joven pudo actuar motivado por grupos en redes sociales en los que comparten gusto por este tipo de crímenes por fanatismo. Según el fiscal, era parte de un grupo de WhatsApp en el que compartían historias que lo habrían llevado a pasar a la acción.

 

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Lo acontecido en Guadalajara es alarmante porque, a pesar de que el país en general sufre de violencia diaria, pocas veces se dan a conocer casos como el de las tres víctimas mortales de presunto feminicida. Para muchos el fanatismo puede parecer algo inocuo, pero cuando este es llevado a los extremos, deriva en escenas como la referida en Jalisco.

 

El fanatismo se define como la defensa vehemente de una creencia particular, una religión o dogma social, de manera extrema, personal y pasional, dejando de lado todo ápice de pensamiento crítico. Lo anterior trae como resultado que las personas actúen irracionalmente y lleven a cabo acciones que se alejan de lo permitido en la sociedad, todo para defender una postura que consideran única.

 

Para quienes son fanáticos, esa creencia en particular cobra la mayor relevancia e incluso se vuelve el centro de su vida, por lo que siempre buscará defenderla de toda crítica o cuestionamiento. Generalmente los jóvenes son más propensos a caer en el fanatismo, ya que esa edad se distingue por ser de cambios en la personalidad y adaptación, por lo que es idónea para reclutar a más gente.

 

Las personas que son fanáticas tienden a adoptar un discurso basado mayormente en la violencia, con un claro rechazo a cualquier crítica o postura contraria a la suya. Ni el diálogo ni la tolerancia entran en el comportamiento de los seguidores de una creencia, por lo que ante cualquier diferencia de pensamiento, lo usual es que recurran a la confrontación directa.

 

Quienes son fanáticos en todo momento se niegan a cambiar de opinión y se van haciendo más radicales al punto de que cualquier disidencia la toman como una afrenta personal. Ello resulta peligroso porque deshumaniza a quienes no piensan igual y los hace ver como opositores, dejando la violencia como su mejor método para imponer sus creencias.

 

Los sectores sociales que suelen estar en la mira de los fanáticos generalmente son minorías, como integrantes de la comunidad LGBT, migrantes o personas de una etnia históricamente segregada.

 

Otros rasgos de esta conducta son las nulas habilidades sociales derivadas de la falta de flexibilidad cognitiva y la poca apertura a otras opiniones. Asimismo, en todo momento buscan hacer actos proselitistas, intentando convencer a todos a su alrededor de su visión del mundo. Finalmente, es habitual que simplifiquen todos los aspectos de la vida, lo que a su vez hace más complicado que entiendan otros matices distintos al suyo.

 

Otros crímenes por fanatismo

 

Escenarios como el recién visto en Guadalajara son poco vistos en México, pero no es, ni de cerca, el único que ha ocurrido en nuestro país y mucho menos a nivel mundial. Por ejemplo, el 7 de enero del 2015 en París, Francia, el caricaturista “Harb” fue asesinado en una masacre que dejó a otros 12 muertos, en un crimen motivado por el fanatismo.

 

Herb era editor en jefe del semanario “Charlie Hebdo”, una revista que previamente publicó una caricatura satírica del profeta Mahoma, lo que enardeció a la comunidad musulmán. El resultado fue un ataque terrorista por dos hombres identificados de Al-Qaeda, quienes ingresaron a las oficinas de la revista al grito de "Allahu akbar", que significa “Alá es el más grande”.

 

En México un caso similar se dio el 22 de mayo del 2023, cuando un hombre de nombre Roberto fue atacado por su vecino, un fanático religioso, quien motivado por la orientación sexual de su víctima, lo atacó con un arma de fuego. Los hechos se dieron al interior de su propia casa, cuando el vecino de nombre Julio N. ingresó y le disparó, no sin que antes ya le hubiera externado rechazo por sus preferencias.

 

Hace más de 100 años en nuestro país también se vio la llegada del Ku Klux Klan, un grupo surgido en el siglo XIX en Estados Unidos con fines de supremacismo blanco, aunque en México su fin era distinto. Según se reportó en 1923, el KKK mexicano tenía como objetivo perseguir delincuentes y políticos corruptos, según ellos, para beneficio de la sociedad.

 

Para darse a conocer, los líderes remitieron cartas a los periódicos El Universal y Excélsior, pero sólo el primero llevó la noticia, mientras que el segundo no quiso dar voz al grupo y los tachó de peligrosos. En respuesta, el 23 de agosto de 1923 el KKK secuestró a José Campos, otrora director de Excélsior, no con la intención de dañarlo, sino para demostrar la “seriedad” de su movimiento, por lo que fue puesto en libertad unas horas después.

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