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“Sonora”, más que un infalible relato de exclusión del México de los años 30

“Sonora”, más que un infalible relato de exclusión del México de los años 30

Poner en el ojo del huracán la discusión sobre la realidad que estamos viviendo, hacerla accesible a personas de todos los credos y grados intelectuales, generando la reflexión constante y atinada, desde diferentes perspectivas socio-políticas, valiéndose de una herramienta tan certera como el cine, ese es el mayor acierto creativo de “Sonora”, que tiene detrás un sólido trabajo en conjunto que involucró en un tono certero a todos quienes participaron en ella, desde la eficaz dirección de Alejandro Springall, hasta la diestra labor de cada uno de los técnicos que aportaron su experiencia.

 

Comencemos porque Springall nos narra de una manera muy amena y clara un fragmento de la historia de México poco conocido, como fue la expulsión de la comunidad china del estado norteño de Sonora, motivo por el cual doce personas deciden cruzar el desierto con rumbo al vecino estado de Baja California, en un hermoso donde Chrysler 1929, encabezadas por un nativo de la región, que se ha visto obligado a adoptar las costumbres y tradiciones del resto de los mexicanos, de quienes expresa, absorbieron todo, incluso sus rasgos originales, su cultura y transformaron su identidad, pues incluso los enseñaron a beber alcohol.

 

El escenario devastador que propone el director nativo de la Ciudad de México se ve aderezado con los personajes que presenta, cada uno con las actitudes y características del México de aquella época, pero que no se escapan al análisis y comparación del momento que hoy en día vivimos, con racistas y xenófobos, conservadores, revolucionarios, indígenas y emprendedores, todos ellos confrontados con el crimen organizado.

 

La travesía que estos emprenden por un desierto, que en aquellos momentos no contaba con carreteras para poderlo atravesar, desenvuelve un sinfín de conflictos en los que cada personaje quiere ocupar el legítimo lugar que la historia le ha concedido.

 

Sin duda, el trabajo de todos los actores, de la mano de la gran dirección de Springall, envuelve una gran cinta, de la que no se puede escapar la mención de Joaquín Cosío, quien se transforma en Emeterio, un indígena de la región, que se vuelve el guía del grupo. Su trabajo histriónico es espectacular.

 

El trabajo técnico del filme también tiene una mención especial, pues las dificultades que seguramente enfrentaron en un territorio tan inhóspito como el desierto, son dignas de reconocimiento.

 

Una dignísima cinta mexicana, que invita al debate y la conversación.

 

Solo le recuerdo que la imaginación se disfruta más en la oscuridad del cine, así que no deje de asistir a su sala favorita. Para dudas, comentarios o sugerencias escríbame al correo electrónico trejohector@gmail.com o sígame en mis redes sociales “Cinematografo04” en Facebook y Spotify, así como “Cinematgrafo04” (sin la “ó”) en Twitter.

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