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Desbordamiento social y positividad causarían rebrote de COVID-19

Desbordamiento social y positividad causarían rebrote de COVID-19

En la positividad está el riesgo para Puebla. El viernes por la noche, el subsecretario Salud, Hugo López Gatell, declaró que el estado pasa a semáforo amarillo en cuanto a medidas de prevención por la pandemia de COVID-19. Sin embargo, esta decisión contrasta con un riesgo latente: el incremento de casos positivos y el desbordamiento social.

 

De acuerdo con el análisis de movilidad que ofrece Google, basándose en datos de su sistema operativo Android, este domingo fue el de mayor movilidad en los últimos seis meses en la entidad. Desde que comenzó la contingencia sanitaria no había ocurrido el número de desplazamientos de este 28 de septiembre.

 

Tal movilidad, causa de los contagios, coincide con otro indicador de riesgo: la positividad. Según la información de la Secretaría de Salud Federal, 39 % de los mexicanos -cuatro de cada 10 en números redondos- que se hacen la prueba para descubrir si son portadores de la COVID-19 resultan positivos.

 

Pasar a semáforo amarillo representa que el riesgo pasó de alto a medio. Junto con Puebla, Baja California, Sonora, Chihuahua, Coahuila, Sinaloa, Durango, Guanajuato, Querétaro, Morelos, Tlaxcala, Oaxaca, Chiapas, Aguascalientes y Tamaulipas forman ahora parte de los estados en color amarillo. Campeche, además, es el primer estado en migrar a verde.

 

Sin embargo, aunque la información parecería llevar las campanas a vuelo, en realidad esconde un riesgo más grande: el rebrote. Tanto la Universidad de Washington como la propia Secretaría de Salud Federal han calculado que en octubre se agravará el número de contagios de COVID-19.

 

De la misma forma, investigadores en California encontraron que el virus SarsCov2 ha mutado y ahora es más contagioso. Junto con esta nueva mutación, también fue descubierto que hay pacientes que enfrentan con mayor daño el contagio a causa del metabolismo de sus anticuerpos.

 

La información médica internacional ha sido consistente en cuanto a una sola advertencia: no ha pasado lo peor y el virus está lejos de irse. Las vacunas incluso se han retrasado y la Organización Mundial de la Salud retrasó el reparto de los fármacos hasta no encontrar más pruebas de éxito, pues si las vacunas no combaten eficazmente el virus, este puede volverse más agresivo.

 

En el estado, por lo pronto, la transición a semáforo amarillo demostró que los poblanos solo esperaban el pretexto para retirar sus restricciones. Los centros comerciales de la capital y la zona metropolitana lucieron llenos, al igual que los corredores gastronómicos y turísticos.

 

Tanto el gobernador Miguel Barbosa como las autoridades sanitarias locales han insistido en un pacto solidario para mantener la sana distancia y reducir el índice de contagios. Aunque los hospitales tienen disponibilidad para la atención de pacientes, el compromiso es mantener el número de infectados a la baja.

 

Este fin de semana la Confederación de Cámaras Industriales de México (Concamin) consideró que la economía no aguantaría otro cierre de actividades productivas ante una segunda ola de contagios de COVID-19 en México, por lo que de ocurrir, el tratamiento debería ser diferente, “más científico”.

 

En Puebla, sin embargo, el confinamiento ha concluido de manera errónea. Si bien las autoridades locales insisten en que este se mantenga junto con la sana distancia, el desbordamiento social es un hecho que al parecer empujará más contagios para el último trimestre del año.

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