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Si es Político es Público

Manzanilla en tres estampas

Miguel Ángel Cordero

Fernando Manzanilla no tenía palabras amables para Martha Erika Alonso (+). Quienes conviven o convivían con él saben las expresiones con las que se refería a la primera gobernadora de Puebla. Este periodista, por respeto a la mujer y a su partida, no escribirá tales palabras. Pero eran deleznables.

 

Y eso lo sabe el círculo rojo de Puebla. La animadversión del hoy diputado federal del Partido Encuentro Social hacia la gobernadora era incluso mayor a su rechazo a quien fuera su exjefe, Rafael Moreno Valle.

 

Tras la muerte de Martha Erika Alonso, una de las mujeres que más le lloró fue su coordinadora de comunicación, Sandra Izcoa. Incluso, el mismo día que el cuadro de Alonso Hidalgo fue colocado en el Salón Gobernadores de Casa Aguayo, Izcoa dejó la titularidad de Puebla Comunicaciones.

 

Por los meses siguientes presumió su amistad con Martha Erika, aún más allá de la muerte.

 

Así resulta, por lo menos irónico si no es que grotesco, que ahora sea otra más de las integrantes del equipo de Fernando Manzanilla. En semanas recientes, ha ayudado al diputado del Partido Encuentro Social en estrategias específicas de comunicación vinculadas con las redes sociales y el discurso ante medios de comunicación.

 

Una de las principales causas por las cuales el gobernador empezó a separarse de Manzanilla, según él mismo ha declarado, es que el legislador comenzó a hacer pactos con opositores del Ejecutivo sin la autorización de este.

 

En lo que luce como un clásico “el enemigo de mi enemigo es mi amigo”, Izcoa decidió ignorar todo lo que Fernando decía de su amiga, sobrenombres y acusaciones, para hoy trabajar contra el enemigo común: el gobernador Barbosa.

 

Cuando la fuente me facilitó este dato sobre la traición post mortem, pues la "garganta profunda" siempre se ha desempeñado en su trabajo con Community Managers, no pudo más que comentar que era injusto e indigno este nuevo pacto de Manzanilla Prieto.

 

Tanto él decidió olvidar los agravios a la fallecida gobernadora, como Izcoa ignorar la misoginia con la que el exsecretario de Gobernación construía sus juicios contra Alonso.

 

El “olvido” fue obligatorio para sellar un nuevo pacto inconfesable.

 

***

 

La lluvia era tan fuerte como la que cayó el sábado por la noche. El agua corría por las empedradas calles de El Alto. Una camioneta Suburban se aproximó a un auto del que salió corriendo un hombre.

 

Presuroso, avanzó entre tropezones a la camioneta. Del lado izquierdo del conductor, el vidrio bajó apenas 10 centímetros, el ocupante tomó con dos dedos que apenas se humedecieron, el folder que le ofrecía el hombre empapado en agua.

 

Le preguntaba cosas, sin bajar más el vidrio del auto, mientras en la camioneta aumentaba la calefacción. El sujeto de afuera se enfriaba más y más con el agua de la tormenta.

 

Manzanilla, el poderoso secretario general de Gobierno, dijo solo un “ok” cuando dejó al hombre quien, presuroso, regresó a su auto para recuperar calor.

 

“¡Ese es Manzanilla!”, cuenta tal ex secretario particular cuando relata la historia en la concesionaria donde hoy trabaja o en el restaurante o bar que se le aparece para narrar este suceso.

 

***

 

Llorando, devastada, salía presurosa de la oficina del secretario general de Gobierno.

 

Maltratada, escuchaba los gritos del hombre de poder. Testigo de las altivas acusaciones era el cuadro de la fotografía de Spencer Tunick, el desnudo masivo en París.

 

Era maltratada por un pequeño documento con dobleces o por un texto donde faltaban comas.

 

Siempre le gritaba y el pretexto era cualquiera.

 

Vaya ironía, el 25 de junio de este año Manzanilla tuiteaba:

 

“Las cifras  de violencia contra las mujeres y niñas se han incrementado durante el confinamiento. @edurneochoa dio algunas señales de alerta que deben considerarse. Les invito a ver esta plática en mi página de Facebook”.

 

Pero en su oficina, no en su perfil de Facebook o Twitter, la misoginia, la agresión estridente se manifestaba contra una mujer que solo quería trabajar profesionalmente.

 

Fariseos les llamaban en la antigüedad.

 

Y hoy ella disfruta la vida a lado de un buen hombre.

 

Y las historias de Manzanilla, el fariseo, son pesadillas del pasado.

 

Pero aún hay personas que le definen como un hombre del nuevo mundo, un héroe de la igualdad y un prócer de la decencia. Nada más falso.

 

Dice el autor de Juego de Tronos, Geroge R. Martin: “Los únicos lobos a los que debemos temerles son aquellos que llevan piel humana puesta”.

 

Y esa piel la lleva el descendiente de los Borbón.

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