PRI poblano, sin rumbo y muerto en vida

PRI poblano, sin rumbo y muerto en vida

El PRI en Puebla no importa, no llama la atención… en pocas palabras, no existe.

 

Esta afirmación seguramente levantará mucho coraje entre esos pocos creyentes del expartidazo y de algunos colegas reporteros que añoran las dádivas que volaban durante el marinismo.

 

Pero no se enojen, compañeros, no solo lo digo yo. Y es que platicando con un buen amigo, este columnista mencionó la carrera de caballos que organizó Néstor Camarillo en Quecholac, olvidando toda medida de sana distancia.

 

La respuesta de mi amigo no tiene desperdicio:

 

-¿Quién es Néstor Camarillo? -me preguntó.

 

Le mencioné que era el nuevo dirigente del PRI en Puebla y que fue nombrado al vapor debido a que Américo Zúñiga, delegado del CEN priista, seguramente ya quería desmarcarse del desastre que es el tricolor en el estado.

 

-¿Y quién es Américo Zúñiga?” -me respondió.

 

Sí, así de insignificante resulta el PRI en el mapa electoral poblano, pues pocos tienen interés en un partido que camina directo a un nuevo desastre en 2021.

 

Pero la culpa no es de aquellos que aún sienten afinidad por el otrora partidazo, es culpa de esos “líderes” que se quedaron en la prehistoria de la política poblana, cuando el PRI hacía y deshacía a su antojo.

 

Con la “brillante” idea de Néstor Camarillo de buscar una posible alianza con el PAN en 2021, muchos se enteraron de que el PRI sigue “vivo” y que tiene nuevo “líder”, pues de no ser por esta idea que raya en la locura, los cambios en el tricolor pasarían desapercibidos.

 

Así como pasaron desapercibidos Javier López Zavala, Blanca Alcalá, Enrique Doger y Alberto Jiménez Merino en las urnas durante los últimos 10 años.

 

Pobre PRI, tan lejos del poder y tan cerca de la extinción.

 

A título muy personal…

 

El debate de la despenalización del aborto sigue en la agenda nacional. Voces a favor y en contra se siguen presentado y se seguirán dando en un tema que levanta ámpula.

 

Más allá de colores partidistas y de que la mayoría de los actores políticos están tomando el tema para sacar beneficios propios, es indispensable que se entienda que el aborto es un asunto de salud pública que debe ser atendido.

 

Se deben quedar de lado las convicciones de cada partido o político y tener altura de miras en un tema que va más allá de interrumpir o no un embarazo.

 

Políticos que no deberían llamarse políticos como el panista Oswaldo Jiménez, con ideas medievales, dan argumentos vacíos como el de “respetar la vida”, pero no analiza el atentado contra la vida misma de las mujeres que resultaron embarazadas producto de una violación.

 

Tomando como punto el género, un hombre, como quien esto escribe y como el legislador medieval Jiménez, no puede emitir una opinión objetiva, pues nunca sabremos las complicaciones que puede vivir una mujer al resultar embarazada.

 

A un hombre, muchas veces, no se le obliga a ser padre… ¿Por qué a una mujer sí?