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Lo que está mal puesto

Y los demás, ¿qué han hecho el último año?

Daniel Lara Mendoza

Esta mañana, la mayoría de las columnas y reportes periodísticos dan cuenta de lo que ha sido el primer año de gobierno de Andrés Manuel López Obrador.

 

En este contexto, numerosos comentarios giran en torno a la crítica sobre lo dejado de hacer: no hay inversión en infraestructura, no hay políticas claras para motivar la actividad económica nacional, no hay certidumbre sobre el fortalecimiento de los programas sociales, como tampoco estamos felices con la forma en que se reparte el dinero, recibiendo más los ninis becados que un jubilado o un residente de medicina.

 

Lo peor es que tampoco se ven resultados en el tema del combate a la delincuencia, aumentando sensiblemente la cantidad de muertos y la crueldad con la que actúan los criminales, en un ambiente de notable impunidad.

 

Pero si bien el principal señalado durante este último año es AMLO, vale mucho la pena preguntarnos qué han hecho en este tiempo otros actores, principalmente los partidos políticos, los gobernadores de los estados y hasta los medios de comunicación.

 

Cierto, el presidente es uno y sobre él caen todos los juicios. Pero tanto sus seguidores como quienes lo vomitan saben bien que ganó la Presidencia por un profundo hartazgo social; por un manotazo en la mesa dado por millones, fastidiados de los privilegios e impunidad de unos cuantos; iracundos contra un sistema de partidos donde sólo se pimponeaba el poder, sin que algo cambiara realmente.

 

Ciegos y locos estarían los destinatarios de este mensaje de rechazo dado por millones en 2018, si no hacen algo para recuperar la confianza social en las próximas elecciones federales del 2021. Pero algo en serio, no la salida fácil de criticar de tiempo completo al presidente, sin decir qué van a hacer ellos para recibir otra oportunidad de los ciudadanos.

 

En un país donde estamos acostumbrados a ver todo en blanco o negro, es sencillo alimentar los odios, prender los fuegos del temor a perder las pocas cosas que tenemos, bajo la amenaza de que nos haremos socialistas o que terminaremos comiendo cáscara de toronja frita, como el pueblo cubano de los años noventa.

 

Quitando las manifestaciones diarias del PAN, PRI, Convergencia, PRD y partidos sucedáneos contra López Obrador, ¿qué han hecho de diferente para volver a pedir el voto? Es cierto que no ocupan el poder presidencial, pero tienen muchos frentes de trabajo en el Poder Legislativo y sobre todo en los gobiernos de los estados y municipios.

 

Cuando se habla de la grave ola de inseguridad, que es el tema que más le preocupa a la sociedad en todo el país, algunos olvidan que hay gobernadores y presidentes municipales que designan secretarios, que ejercen presupuesto, compran patrullas y arman a los policías. Todos estos funcionarios le dicen a la gente que están trabajando y presumen logros, ninguno quiere aceptar que la delincuencia les está ganando.

 

Y sin embargo el país arde en un baño de sangre. Entonces, ¿pueden más las bandas criminales que 32 secretarías de seguridad más todas las corporaciones municipales? Al parecer sí, porque el gobierno federal ha debido desplegar a la Guardia Nacional para el combate contra la delincuencia.

 

Y a pesar de esto no vemos a los líderes de partido, medios de comunicación y supuestas organizaciones de ciudadanos por la paz, exigir la renuncia de los gobernadores, que al parecer son unos auténticos ineptos para proteger la vida y el patrimonio de sus ciudadanos. Si los resultados sólo se le exigen al Gobierno Federal, ¿para qué se quiere a los poderes locales?

 

Aplique la misma lógica para los temas de salud, educación, finanzas, medioambiente, etc.

 

Tampoco vemos a los líderes de partido reconociendo la podredumbre de sus funcionarios, ni democratizando sus procesos de elección, ni limpiando sus filas de los que por años han abusado del poder. Ellos le apuestan a que la gente vuelva a votar por hartazgo, esta vez en contra de Morena, más no a cambiar para ser dignos de la confianza social.

 

A un año de iniciado el sexenio de López Obrador, es un hecho que los actores políticos castigados por los votantes en las pasadas elecciones federales siguen igual o incluso peor. Se dedican a alimentar el odio y exigen un gobierno que sea federalista para dar recursos económicos, pero demandan resultados directos e inmediatos que sólo un gobierno centralista podría dar.

 

¿Estamos bien tras un año de gobierno de AMLO? La respuesta es no; estamos estancados, no se percibe en el bolsillo ni en la tranquilidad de la gente el cambio de régimen, ni se tiene certidumbre ni confianza sobre lo que está por venir.

 

Sin embargo, hasta el momento tampoco hay esperanza de que el resto de las opciones políticas se presenten con nuevos bríos y la cara limpia ante los ciudadanos. Lejos de cambiar, este último año le han apostado al hartazgo, la violencia y la confrontación. Tan es así, que pese a sus errores López Obrador continúa detentando muy altos niveles de aceptación y popularidad.

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