Plan de Infraestructura 2020-25

Plan de Infraestructura 2020-25

Con una inversión multimillonaria no especificada, de carácter privada y pública, y mil 600 proyectos con el énfasis puesto en el fomento del gas natural y la electricidad en el sureste de México, será puesto en marcha el Plan Nacional de Infraestructura para 2020-25, de acuerdo con un documento al que tuvieron acceso varios diarios entre ellos La Jornada (1-X-19), menos Reforma.

 

Templo Mayor, una de las dos columnas por medio de la cuales los dueños del diario le ponen “peros” a casi todo lo que hace el presidente Andrés Manuel, registró “una misteriosa reunión” y que “el gobierno federal finalmente está aceptando la realidad: no supieron hacer las cuentas y no les alcanza para todo lo que prometieron”.

 

A pesar de que enhorabuena desaparecieron de las mañaneras las referencias a “la prensa fifí”, y en su lugar apareció la mención “es mejor el Reforma” cuando López Obrador quiere fijar su raya con el estadunidense The Wall Street Journal, Juan E. Pardinas persiste en buscarle tetas a la gallina y sus obsesiones ideologizadas se mutan en ridiculeces como la mencionada.

 

El Plan de Infraestructura fue presentado al titular del Ejecutivo en Palacio Nacional el lunes 30, por los presidentes Carlos Salazar Lomelín, del Consejo Coordinador Empresarial; Carlos Slim, del Grupo Carso, y Antonio del Valle Perochena, del Consejo Mexicano de Negocios.

 

Otro de los objetivos del Plan de Infraestructura es impulsar a México para que a finales del sexenio tenga un crecimiento económico de 4% en promedio. Aunque Leo Zuckermann ya pronosticó nulo crecimiento para el presente año, el próximo y 2021, con una sonrisa de satisfacción que exhibe su conducta facciosa, pues no logra distinguir que si fracasa el gobierno de la cuarta transformación (rebautizada como “transformación de cuarta” por los que no quedaron en la nómina federal), es del país en su conjunto el fracaso, no de un movimiento, partido o coalición política como la que gobierna. De la misma manera que los costos de las “reformas estructurales” los paga México, no Enrique Peña, el Grupo Atlacomulco ni el desfondado Partido Revolucionario Institucional.

 

Para otros analistas que privilegian menos sus preferencias políticas, ideológicas y aun mercantiles, propias o de los consorcios para los que laboran, la inversión que implicará materializar los mil 600 proyectos de infraestructura, mismos que en distintos momentos y discursos refirieron tanto Slim Helú como Salazar Lomelín, “reflejan la confianza de la iniciativa privada” en el gobierno de la 4T.

 

Se entiende que un plan de esta magnitud requiere de mucha negociación, afinaciones y acuerdos, más todavía al privilegiar a una región caracterizada por los rezagos socioeconómicos, ya que tiene como objetivo fomentar un desarrollo parejo en la zona sur, debido a que en las 3.6 décadas anteriores al sureste de México le faltaron los insumos necesarios para desarrollarse y tener un mayor crecimiento.

 

También es cierto que en los 10 meses del gobierno de AMLO, los dueños de México, una plutocracia integrada por 50 magnates y sus familias, usaron las inversiones –discursos y promesas aparte– como arma predilecta de presión para que sus intereses permanecieran sobrepuestos a la política y sus instituciones. Y hoy no tiene futuro cierto porque “eso se acabó”, para usar la expresión presidencial. Y los que resisten, como los dos Claudio X. González, están en su derecho, pero muy difícilmente lograrán imponerse y terminarán aislándose de sus pares.