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Utopía

Hablar de la feria según nos va

Eduardo Ibarra Aguirre

Es más extendida de lo que suponemos la práctica de hablar de la feria de acuerdo a cómo nos va en ella. Y no sólo en los principales círculos políticos, académicos e intelectuales, también en la comentocracia y hasta en franjas de la ciudadanía.

 

Es comprensible porque si en algo metamorfoseó el modelo económico aún dominante desde 1982, es en moldear seres humanos sumamente individualistas, competitivos incluso a costa de los padres y familiares, de los seres queridos; los lazos solidarios de comunidades rurales y urbanas fueron destruidos en medida muy importante. Las prácticas y los reflejos del consumismo y aun del hedonismo (que en la primera mitad de los años 80 reivindicaba Francisco José Paoli Bolio frente a la “izquierda talmúdica”), fueron elevadas a niveles de mandamiento religioso. A mi juicio ese fue el daño mayor que generó el estigmatizado neoliberalismo, que de concepto socioeconómico pasó a ser una descalificación en automático.

 

Durante un debate reciente sobre la cuarta transformación y su líder político e institucional, después de que varios maestros y doctores saciaron sus opiniones críticas sobre el presidente López Obrador, una compañera reaccionó mesuradamente en la forma, pero enérgica en el fondo y dijo palabras más, palabras menos:

 

“Las críticas a Andrés Manuel tienen motivaciones personales debido a que algunos proyectos individuales no cuajaron o algunos negocios no fueron materializados, y con ello se afectó la economía personal”. Supuse que los polemistas reaccionarían para hacerla trizas con argumentos. Para mi sorpresa nadie se puso el saco e hicieron bien porque el debate no desembocaría bien, como finalmente al parecer sucedió.

 

Solamente que ahora la compañera resultó afectada en sus intereses familiares con una decisión aparentemente injusta, pero comprensible a la hora de integrar equipos de trabajo con los partidarios y comprometidos con la cuarta transformación. Y no me extrañaría que la indirectamente afectada pase a privilegiar la saludable crítica, pero por afectaciones familiares. Conozco el caso también, entre otros, de quien se hizo la ilusión de ocupar un escaño en el Senado y no lo logró ni siquiera en el Congreso de la Ciudad de México. Ahora es uno de los críticos más tenaces de la 4T, pero sin la menor consideración por la realidad.

 

Los comprendo y no los crítico porque estamos formados a lo largo de siete décadas en la noción de que “la revolución nos haga justicia” y ahora la 4T por errónea extensión.

 

Desde la perspectiva en la que fui educado por los comunistas como corriente ideológica y como partido político, las grandes obras colectivas de naturaleza sociopolítica son producto de muchos esfuerzos mancomunados, dirigidos por hombres de carne y hueso que se agrupan para ello y hasta forman coaliciones de gobierno, como sucede ahora en Palacio Nacional.

 

Y uno es eso, uno más por importante que resulte, en el movimiento transformador, donde lo que debe primar es el rumbo de la transformación con sus aciertos y errores, y el interés colectivo, nunca el individual.

 

Hace unas cuantas semanas informé por primera ocasión que fue durante el gobierno de Vicente Fox cuando mejor, mucho mejor fue tratada la revista Forum en términos publicitarios. Y ello a pesar de que publicamos una portada con una foto de la silla presidencial y la cabeza “Fox no la ocupará”. Ahora añado que en segundo término lo hicieron los priistas Ernesto Zedillo, Carlos Salinas y Enrique Peña, en ese orden, y en muchísimo menor medida los gobernantes capitalinos del PRD.

 

Mas no por ello limitamos nuestro trabajo periodístico crítico hacia ninguno de los políticos enlistados, por la simple razón de que no opinamos de la feria según como nos va en ella.