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Imagen Económica

¿Nos conviene vender o no el avión presidencial?

Carlos Alberto Jiménez Bandala*

Ya tomó posesión como presidente Andrés Manuel López Obrador e inmediatamente ha empezado a hacer muchos cambios; ninguno debe caernos por sorpresa, los estuvo anunciando a lo largo de su campaña, simplemente está cumpliendo.

 

Empezó por desaparecer el Estado Mayor Presidencial, ya no más militares al servicio privado de ninguna familia; llegó a un Congreso en un auto semi-compacto, sin blindaje, contrastando la sencillez con el derroche en el que llegó Peña Nieto.

 

En su discurso dio una clase de historia económica y de moral, le explicó al pueblo de forma sencilla qué es el neoliberalismo y los nocivos efectos que ha tenido en el país; habló de corrupción en la cara del presidente saliente que se mostró nervioso y desencajado. Fue un mensaje al mundo; se ha reproducido en diversos medios de comunicación internacional y traducido en diferentes idiomas. Nos volvió a colocar como país en la vanguardia de los derechos sociales a nivel mundial.

 

En esa misma hora, se abrían Los Pinos al pueblo que gritando jubiloso entró y se adueñó del espacio. Luego lloró de rabia al observar el obsceno lujo en el que vivía la familia presidencial, todo a cargo del erario. El cierre del día fue la fiesta en el zócalo, donde reafirmó que su gobierno será de izquierda. Ahí rodaron las lágrimas esperanzadoras de muchos.

 

El proyecto del aeropuerto en Texcoco se canceló y se ha iniciado un proceso de liquidación que parece no será fácil, hay especuladores apátridas de por medio. Se puso en venta el avión presidencial y la flotilla de unidades aéreas, ahora los funcionarios viajarán en vuelos comerciales. El hangar presidencial servirá para ampliar los servicios del Aeropuerto Benito Juárez.

 

No será fácil encontrar un comprador para el avión presidencial, nuestro país podría perder 80 millones de dólares por esta operación, ya que se tendría que vender por debajo de su valor. ¿Qué tanto perderemos?, pongámoslo en perspectiva.

 

Vender el avión significaría “perder” 80 millones de dólares; sin embargo, conservarlo sería tener un activo de más de 250 millones que solo le sirven a un individuo, es decir, tenerlo como activo no reditúa ningún centavo a la nación. Haber comprado ese avión fue un acto absurdo y corrupto de un gobierno que no tenía la menor sensibilidad por el dolor del pueblo.

 

Las fotografías que la prensa mostró son un verdadero insulto a un pueblo donde el 60% vive en pobreza. Las adecuaciones que se le hicieron elevaron el precio del avión a más del doble; tan sólo los asientos costaron 8 millones de dólares. La recámara presidencial 13 millones de dólares. La cocina 3 millones más. Es decir, la cocina y la recámara de ese avión eran mucho más lujosas de las cocinas y recámaras de más del 90% de la población mexicana. La alfombra del avión costo 2 millones y las puertas 1 millón.

 

¿Pero qué tan caro ha sido el avión presidencial respecto a los aviones de otros países? Habría al menos tres países con aviones presidenciales más caros que el de México: el de Arabia Saudita en primer lugar, el de Estados Unidos y el de Zimbabwe. Sin embargo, si comparamos el costo de cada avión con el ingreso por habitante de cada país, México está por encima. La gráfica siguiente muestra cuantos habitantes que ganaran el ingreso promedio (PIB per capita) deberían de juntar sus ingresos anuales para comprar el avión presidencial de cada país.

 

Observe que si 5,300 estadounidenses reúnen su ingreso anual podrían comprarle el avión a su gobierno; en Alemania deberían ser 5,500 ciudadanos. Para comprar el avión nipón deberían juntarse 7,300 japoneses. 24,000 saudíes deberían juntarse para comprar el avión de su país. Pero en México deberían ser el ingreso de casi 50,000 mexicanos para cubrir los costos del avión.

 

 

 

Además, conservar la flotilla de aviones le costaría al país casi mil millones de pesos de pago de intereses más 500 millones por gastos de mantenimiento. Todo para que lo disfruten a lo sumo 30 individuos: el presidente, su familia y los secretarios de estado. Por tanto, visto de esa forma, es mucho más conveniente vender el avión presidencial. Inadmisible un gobierno rico con pueblo pobre.

 

 

*Profesor-Investigador Facultad de Negocios, Universidad La Salle México

Miembro del Sistema Nacional de Investigadores

Twitter: @BandalaCarlos

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