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Alerta de género sin tintes políticos

Tonatiuh Muñoz Aguilar

La realidad no se puede negar: en Puebla como en el país existe una oleada de violencia contra las mujeres, sustentada en diferentes circunstancias como la degradación de los valores y del respeto hacia la persona, la impunidad que motiva a los delincuentes a sabiendas de que nada les pasará, el desprecio a la vida, en especial si esa vida es de una mujer.

 

En Imagen Poblana hemos dado cuenta del incremento en los casos de agresiones terribles contra las damas en diferentes estados del territorio nacional. Sin embargo, eso desde luego no es justificación para no hacer nada por frenar esta ola de asesinatos que en menos de un mes ya han cobrado la vida de dos mujeres.

 

Ante escenarios como el que vive la entidad, siempre está la “tentación” de llevar este tema a terrenos políticos. De hecho ya está ocurriendo: legisladoras del PRI y del Verde han aparecido para solicitar una alerta de género en la entidad, aunque no todas tengan la plena idea de lo que significa esta figura.

 

La alerta de género fue una novedad que apareció en la Ley General para el Acceso de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia, promulgada en 2007 por el presidente de la república. Desde entonces, muy pocas entidades se han “animado” a solicitar una alerta de género ante el Instituto Nacional de las Mujeres.

 

Los correspondientes gobernadores, incluido el hoy presidente de la república, Enrique Peña Nieto, cuando era gobernador del Estado de México, han tenido miedo a solicitar la alerta de género por considerar que esto sería una autoincriminación, es decir, aceptar que se tiene un problema que ha desbordado y extenderse un certificado de incompetencia. Nada más lejos de la realidad.

 

La alerta de género significaría reconocer que en efecto hay un problema, pero que el gobierno está dispuesto a afrontarlo. Y para ello solicita el apoyo de diferentes instancias como el gobierno federal o la sociedad civil, lo cual no tiene nada de malo ni nada de vergonzoso. Al contrario, los recientes casos en Morelos y el Estado de México demuestran que entre más pronto se emita esta alerta, más vidas de mujeres se salvarán.

 

¿Cómo alejar de los temas políticos esta alerta? En Puebla habrá elecciones el próximo año y ya algunos de los interesados, o por lo menos una de las interesadas, la senadora Blanca Alcalá Ruiz, se apresura a decir que será ella, desde el Senado, la que investigue y analice el caso, para ver si Puebla necesita una alerta de género.

 

Es curioso que Blanca Alcalá ahora se anime a hablar y a pedir mejores condiciones para las mujeres en el estado de Puebla justo en la antesala de un proceso electoral. ¿Dónde estuvo la hoy senadora, cuando el escándalo Cacho-Marín, que afectó principalmente a una mujer como ella? ¿Y qué hacía en 2014, cuando ya siendo senadora estalló el escándalo de Cuauhtémoc Gutiérrez de la Torre, presidente del PRI en el DF que dirigía un grupo de reclutadores de mujeres a quienes daba dinero a cambio de favores sexuales?

 

Ni en el primero ni en el segundo, Blanca Alcalá dijo “esta boca es mía”, por el contrario, esquivó hasta donde pudo los cuestionamientos al respecto.

 

Porque la vida de las mujeres en el estado y en cualquier parte es mucho más valiosa que los intereses políticos de cualquier actor, porque tampoco un gobierno puede anteponer su prestigio ante las señales de que algo no anda bien en el territorio -ya que de hecho casos como los recientes actúan siempre en contra del prestigio del gobierno en cuestión- y porque reconocer que hay un problema es siempre el principio de la solución del mismo, es necesario un análisis preciso, concienzudo y despolitizado de la situación que enfrentan las mujeres poblanas y que sean las instancias adecuadas, lejos de temas electorales, las que decidan si hace falta o no una alerta de género en Puebla.

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